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Un muchacho de Malasaña al frente: la Policía necesita restaurar su honor

Santafé asume como DAO con la misión de recomponer una institución golpeada por escándalos

Redacción Más España

Redacción · Más España

14 de marzo de 2026 3 min de lectura
Un muchacho de Malasaña al frente: la Policía necesita restaurar su honor
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La Policía Nacional, con más de 74.000 agentes, afronta una encrucijada que no admite paños calientes: la institución ha visto cómo su prestigio se resquebrajaba tras la querella por supuesta agresión sexual contra su antecesor y la aparición de audios que denuncian acoso en una misión diplomática. En ese escenario, el ministro del Interior ha elegido a José Luis Santafé, el «muchacho de Malasaña», para ocupar la dirección adjunta operativa. No es una elección ornamental; es una apuesta por recuperar autoridad y confianza.

Que el nombramiento de Santafé haya sorprendido a buena parte de sus compañeros dice mucho: no figuraba en las quinielas y rompía la expectativa —en pasillos y opinión pública— de un gesto simbólico distinto. Pero la sorpresa no fue por falta de capacidad: se trata de un mando valorado por su perfil operativo, por años fuera de las redes de poder madrileñas y por una gestión reconocida en Baleares.

Su biografía profesional habla de calle y de unidades de Seguridad Ciudadana, de dirigir situaciones de orden público y de enfrentar la delincuencia con medidas rápidas cuando las estadísticas pegaban un salto. Sus subordinados lo definen como cercano y firme: un jefe que se toma un café con la tropa y que, si hace falta, se pone al volante de un vehículo policial para trasladar detenidos. Esa mezcla de cercanía y rigor parece hoy más necesaria que nunca.

La mano de Aina Calvo, ahora secretaria de Estado de Seguridad y antigua delegada en Baleares, aparece en la trama con claridad: fue quien lo aupó en su momento, quien le llamó «nuestro querido comisario» y quien, según fuentes policiales, pesó en que su nombre llegara al despacho del ministro. No es una nimiedad: en tiempos de crisis institucional, los apoyos internos cuentan y dibujan márgenes de maniobra.

Que Santafé proceda de una carrera desarrollada lejos de la capital, en puestos operativos, le ha granjeado la etiqueta de «perfil bajo». Esa distancia de las peleas de junta y las rencillas internas puede jugar a su favor: le permite entrar sin pertenecer a bandos y ofrecer una gestión orientada a resultados y al restablecimiento de la disciplina y la reputación pública.

No faltan referencias que avalan su solvencia: la gestión de 2019 en Baleares, cuando tuvo que afrontar el escándalo de las 16 niñas tuteladas vinculado a prostitución —causa que acabó archivada por la Fiscalía—, se recuerda como una muestra de su capacidad para manejar episodios complejos. Sus propios mandos celebran su autoridad, experiencia y conocimiento operativo: cualidades que ahora deberá poner al servicio de una Policía golpeada y necesitada de limpieza y rectificación.

La tarea de Santafé excede lo operativo. Recuperar la confianza social y afirmar la integridad institucional no se logra solo con buenos protocolos: exige ejemplaridad, transparencia y firmeza contra cualquier conducta que manche el nombre de la Policía. Será exigente y no admite fallos. El «muchacho de Malasaña» llega con esa mochila de calle y gestor; el país espera que con ella restituya la honra de una institución fundamental para el orden y la seguridad.

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