Última tarde y última lágrima: la Semana Santa de Córdoba en su despedida solemne
Seis hermandades, memoria y ciudad: el Viernes Santo que cierra una semana de devoción

Redacción · Más España


Llegó la última tarde. Llegaron las últimas lágrimas. Córdoba se readapta por horas al ceremonial de siempre y alas suyas, a ese lento latido de ciudad que sólo entiende de pasos, incienso y recuerdo.
Seis hermandades aguardan su turno en los templos para dar sentido a un desfile que es, a la vez, rito público y confesión íntima. La primera en tomar la calle será la Soledad, desde su sede en la parroquia de Guadalupe, de los Padres Franciscanos, que a las 17.00 horas emprenderá su recorrido hacia el corazón histórico de la ciudad con la austeridad que impone su advocación.
A las 17.20 horas seguirá la Conversión, que saldrá con el Cristo de la Oración y la Caridad. Son horarios que estructuran la tarde, que ordenan el silencio y marcan los compases de una afluencia que sabe distinguir entre nostalgia y fe.
No se trata sólo de imágenes que se mueven sobre las tablas del empedrado. Se trata de memoria colectiva: de plazas que se llenan de generaciones que buscan la misma emoción, de templos que recuperan su voz y de rincones del casco antiguo que vuelven a ser anfiteatro de humanidad. La Semana Santa se aproxima a su último acto en Córdoba, y en ese adiós late la pervivencia de una tradición que reclama respeto por su solemnidad y por su historia.
Que la ciudad transite esta última tarde con la compostura que exige la ocasión es una obligación cívica. No por teatrales, ni por folclóricas; sino porque en esos pasos se escribe una parte del relato local, y porque, por unas horas, Córdoba se mira a sí misma y reconoce de dónde viene.
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