Montserrat reclama unidad: el catalán, la Moreneta y la llamada papal a la reconciliación
La visita de León XIV subraya el peso simbólico de Montserrat en la identidad catalana y el lenguaje del encuentro

Redacción · Más España


La abadía de Montserrat, que celebra su primer milenio, volvió a ser epicentro del simbolismo catalán y religioso con la visita del Papa León XIV. Un escenario cargado de historia y memoria que une montañas, tradición y lengua.
El recibimiento al Pontífice estuvo presidido por el uso mayoritario del catalán: el abad Manel Gasch, figura de la comunidad benedictina y con pasado vinculado al catalanismo, dio la bienvenida en esa lengua en un discurso institucional y de acogida en el que evitó términos de carga política. El catalán, como en otras épocas de la abadía, marcó la liturgia y la ceremonia: incluso el rezo del rosario se hizo en catalán y el Papa pronunció en esa lengua la exhortación dirigida a los monjes.
León XIV centró su mensaje en la misericordia y la paz. Recordó que Jesús «nos muestra el camino de la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre» y alertó sobre la violencia que se esconde en palabras y actitudes: «la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide». En catalán pidió a la Virgen que «nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias», y abogó por custodiar el amor en la familia, en las redes sociales y en los debates políticos, para que «el odio ceda paso a la esperanza y la paz». Son palabras de llamado al diálogo y a la moderación pronunciadas desde la propia liturgia.
No es casualidad que Montserrat ocupe este papel. El monasterio ha sido descrito como símbolo del alma espiritual del catalanismo: allí se preservó la práctica del catalán cuando estuvo prohibida en el pasado, y en los años 60 y 70 algunos monjes participaron en movimientos de oposición al franquismo y en la defensa de derechos civiles y culturales. Durante el procés, parte de la comunidad monástica mostró comprensión hacia el sentimiento independentista, aunque el ámbito institucional del monasterio ha tendido a centrar sus mensajes en lo pastoral y lo cultural.
La visita del Papa, que mantiene una relación personal con la advocación de Montserrat desde su etapa como misionero en Perú y como visitante en distintas ocasiones, confirma la singularidad del lugar: un enclave religioso con profundas resonancias históricas y políticas, donde la lengua y la memoria se entrelazan.
Frente a la división, la exigencia papal de renunciar a las palabras hirientes es una invitación clara. En Montserrat, la lengua ha sido signo de identidad y resistencia; hoy, pronunciada desde la propia liturgia y acogida por la máxima autoridad católica, se convierte asimismo en instrumento de reconciliación. La pregunta que queda en el aire, y que compete a todos los actores de la sociedad catalana y española, es si esa llamada será escuchada más allá de las paredes del monasterio y si el lenguaje público podrá hacerse cargo del mandato de Mansedumbre y verdad que ha resonado entre las montañas.
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