Illa reivindica una "nación" que hasta el Papa llamó "región"
Choque de relatos en la visita papal: política autonómica contra el lenguaje del pontífice

Redacción · Más España


Salvador Illa recibió al pontífice en El Prat y no perdió la ocasión: dio la bienvenida a quien aterrizaba en Barcelona como al cabeza de una «nación» catalana. Fue un gesto político, deliberado, cargado de simbolismo, que buscó convertir la visita del Papa en refrendo de una identidad que el president proclama y celebra.
El Papa, en cambio, eligió otro vocablo: se refirió a Cataluña como una «región», un «hogar amplio», y apeló a la unidad. No son matices inocuos; son mapas distintos de la misma realidad. Mientras unos dirigentes catalanes multiplican las proclamas identitarias —la portavoz de Junts, Míriam Nogueras, o el presidente del Parlament, Josep Rull, reclamando la condición de «nación» con lengua e instituciones propias—, el pontífice marcó postura y habló en términos que suenan a llamado a la convivencia y a la continuidad de la ciudadanía compartida.
No es un enfrentamiento personal, sino un choque de relatos. Illa, que además agasajó al Papa con símbolos lingüísticos y patrimoniales —desde las Homilies d'Organyó hasta objetos paleocristianos que pretenden subrayar «las raíces cristianas de Cataluña»—, buscó traducir la visita en un aval cultural y político. El Vaticano, por su parte, mostró sensibilidad hacia el catalán y dirigió palabras en la lengua autonómica, pero sus definiciones fueron claras: «región», «hogar amplio», constructores de unidad.
La escena no carece de ironía: los que reclaman reconocimiento identitario apelan a la máxima institución religiosa y, aun así, reciben una lectura distinta. No hubo ayer grandes protestas independentistas visibles durante los actos más multitudinarios, aunque el independentismo mantiene convocatorias para el momento de la bendición de la Torre de Jesús en la Sagrada Familia. La política catalana, la Iglesia y la sociedad vuelven a encontrarse en un terreno donde las palabras pesan y delimitan caminos.
Que sea el propio presidente de la Generalitat quien tome la delantera en la afirmación de la «nación» obliga a preguntarse por la estrategia: ¿es diplomacia simbólica o instrumentalización política? No es papel del periodista responder con especulaciones; es obligación del ciudadano atender a los hechos: Illa habló de nación, el Papa habló de región. El resto son consecuencias políticas que solo se explican siguiendo el relato que cada actor decide pronunciar y promover.
La visita papal ha puesto en evidencia, una vez más, que el lenguaje importa. Y que en Cataluña hay quien busca que la palabra disponga del territorio político. Frente a ello, el papado ha preferido un lenguaje que camina hacia la concordia y la unidad. Tiempo habrá de ver qué relato se impone en los hechos y en la voluntad de los ciudadanos.
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