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Sémper vuelve por la moderación y planta cara a los extremismos

El vicesecretario popular regresa tras su enfermedad y reclama cordura frente a la crispación política

Redacción Más España

Redacción · Más España

5 de mayo de 2026 3 min de lectura
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Sémper vuelve por la moderación y planta cara a los extremismos
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Regresa a la arena pública quien, tras diez meses fuera, ha visto la política desde la lejanía y ha decidido no rendirse. Borja Sémper —vicesecretario y portavoz de Cultura y Deporte del PP— vuelve con una declaración de intenciones que no admite ambages: moderación frente al espectáculo, decoro frente a la grosería y políticas frente a los gestos.

No es retórica: en un desayuno informativo en Madrid, Sémper dijo alto y claro que se rebela "ante las normas del juego que nos imponen los extremistas". Palabras que suenan a diagnóstico y a programa. Ha rechazado participar "en el barro, en shows, ni en acciones políticas para dividir"; y ha señalado, sin ambages, que todos los actores tienen cuota de responsabilidad en la crispación parlamentaria. Un reconocimiento que obliga a mirar hacia dentro antes de lanzar piedras hacia fuera.

Pero su mirada no es sólo crítica: es propositiva. Al volver, Sémper sitúa cuatro retos como ejes del proyecto que el PP quiere ofrecer para La Moncloa: vivienda, inmigración, prosperidad y buen gobierno. Sobre vivienda pidió actuar como si "no hubiera un mañana" porque, dijo, para millones de españoles su mañana depende de encontrar un hogar. Es un mensaje que desplaza la contienda verbal hacia una prioridad material y tangible.

En inmigración, su voz procura un hilo distinto al del ruido: censura a la izquierda por planteamientos que calificó de "reduccionistas" cuando niegan impacto en los servicios públicos, y reprocha a la derecha dura que "deshumanice" al inmigrante. "El PP cree en la dignidad del ser humano independientemente de donde haya nacido", afirmó, subrayando al mismo tiempo la conveniencia de controlar las fronteras y garantizar que quien viva, trabaje y cotice en España acceda a servicios públicos.

Sémper, además, no rehúye la complejidad de los acuerdos con la derecha: defendió los pactos cerrados por el PP en Extremadura y Aragón y fijó un límite claro: sólo los pactos que lleven al partido a un lugar indeseado son inaceptables. Rechazó, asimismo, la idea de que el PP sólo pueda gobernar con mayoría absoluta.

Hay en su retorno un gesto personal y político: confesó que tuvo la "tentación" de dejar la política durante su convalecencia, pero que esa idea "duró poco". "Decidí que rendirme no era una opción", dijo, y explicó que vuelve "por segunda vez al lado de la persona en la que más creo en política, que es Feijóo". No son citas grandilocuentes: son la afirmación de una decisión y la apuesta por un liderazgo dentro del partido.

Lo esencial de este regreso es la propuesta de cambiar el tono sin renunciar al contenido. Sémper propone que la disputa política recupere un marco de decoro y eficacia: menos insultos, menos circos, más soluciones para la vivienda, la inmigración, la prosperidad y la buena gobernanza. Si su intento de imponer la moderación prospera, el partido tendrá una herramienta para disputar el centro; si fracasa, quedará claro que la política española seguirá siendo rehén del ruido.

El reto es doble: sostener la moderación cuando la tentación del espectáculo otorga réditos inmediatos, y transformar la palabra en reformas tangibles. Sémper ha vuelto dispuesto a no entrar en el barro. Ahora falta saber si el barro le permitirá mantenerse limpio o si acabará arrastrándole.

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