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Sánchez apuesta por la polarización: la España partida por la mitad

La confrontación con Washington y la negativa a las bases tensan el tablero electoral

Redacción Más España

Redacción · Más España

10 de marzo de 2026 3 min de lectura
Sánchez apuesta por la polarización: la España partida por la mitad
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Un ataque militar de Estados Unidos e Israel contra Irán y la respuesta del presidente Pedro Sánchez han encendido una brecha clara en la opinión pública española. La negativa del Gobierno a permitir el uso de las bases de Rota y Morón por parte de las fuerzas norteamericanas y la exhibición de confrontación con Washington han dividido al país con la precisión de un bisturí.

Los datos de la encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO no son matizables por el deseo: 46,8% frente a 47% en el conjunto de la sociedad sobre la decisión de Sánchez. Pero la verdadera radiografía aparece cuando se mira por afinidad ideológica. Los electores del PSOE y de Sumar se han volcado en contra del ataque estadounidense: 83,4% y 92,7% respectivamente se oponen al golpe de timón exterior; 78,5% de los socialistas y 94,5% de los votantes de Sumar respaldan la negativa al uso de las bases.

Esa actitud de Sánchez, que desempolva eslóganes y fotografías de otros tiempos, actúa como un imán para la izquierda: ofrece salida al desencanto y una bandera —el no a la guerra— para reagruparse. Para muchos de esos votantes, la medida es vista como defensa de la soberanía y de principios políticos, no como una maniobra táctica.

En el extremo contrario, la derecha respalda mayoritariamente la intervención: 57,3% del PP y 67,1% de Vox se posicionan a favor de la acción militar de EEUU e Israel. Además, entre los suyos hay un amplio rechazo al veto sobre las bases —74,6% en el PP y 94,5% en Vox—, interpretado como cortina de humo o efecto de la presión de los socios del Gobierno.

Más allá de la polaridad partidista, la ciudadanía respalda en términos generales la negativa a permitir el uso de las bases: 51,5% frente a 40,9%. Y, sin embargo, persiste un temor mayoritario a las consecuencias: casi el 65% estima que la decisión conllevará efectos negativos para España. Ese temor se concentra en las filas de la derecha —89,2% en el PP y 80,7% en Vox creen que habrá problemas—, mientras que los votantes de Sumar son los más optimistas respecto a las repercusiones.

La encuesta recoge además que la mayoría teme un deterioro de la imagen de España en Europa (48,4%), aunque los votantes de izquierdas discrepan. Y revela cambios en la percepción de aliados: todos prefieren a los países europeos, pero sorprende que un 38% de los votantes socialistas y un 45,2% de los de Sumar señalen a China como socio, mientras que entre PP y Vox, además de Europa, se valora a Estados Unidos.

La polarización no es solo táctica; es estratégica y simbólica. Sánchez ha convertido una decisión de política exterior —la denegación del uso de Rota y Morón— en un acto de movilización interna, recuperando consignas que despiertan lealtades y odios. El riesgo es obvio: la misma medida que refuerza a una parte del electorado puede desatar desconfianzas, pérdidas diplomáticas y efectos adversos que una mayoría teme ver materializados.

Y cuando la política exterior se transforma en arma de combate interno, ¿qué queda de la serenidad y del interés nacional por encima del cálculo electoral? La encuesta no responde a ese interrogante: describe un país partido en dos, con opiniones encontradas sobre seguridad, imagen internacional y alianzas futuras. Esa es, por ahora, la cosecha de una estrategia que apuesta por la polarización masiva.

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