Sáenz de Santamaría se distancia y el secreto cubre la respuesta
La exvicepresidenta niega conocimiento de la 'Kitchen' y afirma haberse enterado por la prensa

Redacción · Más España


En la sala del tribunal, la exministra Soraya Sáenz de Santamaría ofreció una declaración breve y rotunda en su aparente modestia: «no recuerda»; «no tenía conocimiento». Obligada a decir la verdad como testigo en la causa conocida como Operación Kitchen, la exvicepresidenta fijó sus límites con frases lacónicas que desnudan, al menos por ahora, la contención de la alta política ante una investigación que sacude a la vida pública.
«Yo fui ministra de Presidencia, no de Interior», dijo, y aseguró que su primer contacto con la presunta trama fue a través de la prensa. Esa revelación, sencilla en su forma, tiene calado político: la distancia entre los despachos oficiales y la información que llega por los periódicos es, cuando menos, motivo de interrogación para el ciudadano que exige transparencia.
En el banco de los acusados figura quien la señaló: José Manuel Villarejo, que atribuyó al Centro Nacional de Inteligencia —adscrito al Ministerio de Presidencia— una implicación en pesquisas relacionadas con la pieza Tándem y seguimientos vinculados a Bárcenas. Frente a esa imputación, Sáenz de Santamaría negó conocer la implicación del CNI, aunque su respuesta quedó acotada por una advertencia fiscal: la materia es secreta. La palabra "secreto" cerró una puerta que los jueces y las acusaciones populares pugnan por abrir.
También negó saber de la situación fiscal de Luis Bárcenas o de que policías se hubieran apoderado de información del extesorero durante aquel periodo. Declaraciones concisas, que dejan intacta la incertidumbre sobre el alcance real de los hechos y sobre quién tenía conocimiento operativo o político en cada momento.
Finalmente, la exvicepresidenta respaldó la comparecencia del expresidente Mariano Rajoy: «Lo que haya dicho, bien está». Un gesto de solidaridad pública que, en el contexto de la instrucción, suena a defensa institucional y a cierre de filas ante la tormenta judicial.
Hechos, silencio y secreto: esa es, por ahora, la composición de la partitura que interpreta la Operación Kitchen. Los ciudadanos esperan que la investigación desentrañe lo ocurrido, sin que la reserva de lo calificado como secreto impida conocer la verdad pública que merece el interés general.
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