Protección, identidad y defensa frente a la piratería: el deporte no es territorio sin ley
Mbappé y Lamine Yamal demuestran que la marca personal en el deporte exige blindaje legal

Redacción · Más España


El gesto de un gol, una sonrisa detenida en el tiempo, un número que remite al barrio de origen: el deporte contemporáneo no solo celebra hazañas, también fabrica identidad. Kylian Mbappé y Lamine Yamal son hoy dos ejemplos claros de esa consciencia: ambos han registrado gestos y poseen siete marcas protegidas ante la Oficina de la Propiedad Intelectual de la UE (EUIPO) en Alicante.
No es una anécdota aislada. La EUIPO recuerda que figuras históricas —Pelé, Diego Armando Maradona, George Best— y contemporáneas —Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Ewa Pajor— han recurrido a la propiedad intelectual para salvaguardar nombres, logotipos y gestos. El deporte, en todas sus disciplinas, utiliza la PI como herramienta estratégica para construir y proteger una identidad que trasciende estadios y calendarios.
Del fútbol al baloncesto, del tenis al automovilismo, hay un patrón evidente: Luka Dončić, Victor Wembanyama, Stephen Curry, LeBron James; Carlos Alcaraz, Novak Djokovic, Iga Świątek, Serena Williams, Rafael Nadal, Roger Federer; Mondo Duplantis, Tadej Pogačar, Carolina Marín, Max Verstappen... todos recurren a marcas y diseños para operar en el mercado comunitario. Clubs y grandes eventos tampoco son ajenos: la FIFA declara más de 200 marcas registradas en la UE y la NBA supera las 300.
La PI protege logotipos, colores, trofeos, mascotas, pero también contenidos y productos oficiales; hasta cánticos o pronunciaciones que identifican a una afición. João Negrão, director ejecutivo de la EUIPO, subraya que la propiedad intelectual sostiene el ecosistema deportivo: protege la innovación, asegura productos auténticos y contribuye a un juego limpio más allá del terreno de juego.
Y frente a esa construcción legítima de valor navegan redes criminales. La piratería y la falsificación en el deporte tienen consecuencias tangibles: según estimaciones de la EUIPO, la venta de equipamiento deportivo falsificado provoca una pérdida anual de 851 millones de euros en la UE, equivalente al 11% de las ventas del sector. Francia, Austria y Países Bajos registran las mayores pérdidas en términos absolutos; Rumanía, Lituania y Hungría aparecen como los más afectados proporcionalmente.
El escenario es diáfano: cuando las marcas personales y colectivas no están protegidas, se abren brechas que aprovechan actores ilegales. La protección de la propiedad intelectual no es mero trámite comercial; es defensa de la identidad, de la economía legítima y del aficionado que busca autenticidad. Defender esas marcas es, en definitiva, guardar el patrimonio simbólico y económico que el deporte ha construido.
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