Muy tarde, Aitor: el precio de haberse sentado en la mesa de Pedro
Ocho años después, el PNV recoge el fruto de su acuerdo con Sánchez

Redacción · Más España


Hubo un tiempo en que Aitor Esteban ocupaba el mejor sitio en la mesa plurinacional. Era el socio número uno, el garante de estabilidad, la mano que con su voto aseguró al sanchismo el gobierno. Las reuniones con José Luis Ábalos eran, según los relatos, distendidas y fructíferas: siempre había algo que ofrecer al PNV y nada se interponía para que leyes, decretos o subidas de impuestos salieran adelante.
Hoy, sin embargo, la rabieta por un meme sirve de recordatorio brutal: las alianzas políticas no se borran con gestos simbólicos. El ex ministro José Luis Ábalos, que defendió la moción de censura de 2018 —hace ocho años, el 31 de mayo—, declara ahora como acusado en el Tribunal Supremo. Aquellas palabras suyas sobre no normalizar la corrupción resuenan con eco incómodo cuando los implicados y los facilitadores ocupan la escena pública.
La cartera de responsabilidades del PNV en esos años no es una conversación menor. Ocho años de apoyo a Pedro Sánchez han sido, según el recuento del propio artículo, tiempo de mirar a otro lado en muchos episodios y de colaborar en otros: desde la amnistía a la rebaja de la malversación; desde el cerrarse filas en la politización de instituciones hasta la confrontación con los jueces; desde subidas de impuestos hasta decisiones en materia de vivienda, inmigración y pensiones. Todo eso forma parte del legado que ahora Aitor pretende desvincular de su partido.
La portavoz peneuvista, Maribel Vaquero, ha descrito la situación con una frase que debería sonar a autocrítica cuando se mira el pasado: «La aritmética parlamentaria es perversa». Es difícil no leer en ese lamento la conciencia de quienes supieron que la gobernabilidad se construía con pactos y concesiones y que, sin embargo, critican hoy las consecuencias cuando la foto les incomoda.
Si la protesta del PNV —la retirada de la foto o la airada reacción ante un meme— es el inicio de un divorcio, la historia muestra que llega muy tarde. Pedro ha hecho, hace y hará lo que quiso con el PNV porque el PNV lo quiso. Quien fue voluntario necesario de aquel proyecto no puede hoy lavar con gestos una relación de ocho años que dejó huella y responsabilidades compartidas.
El destino político de los aliados de conveniencia suele ser el mismo: cuando la marea baja, aparecen los nombres de los que participaron, los que miraron para otro lado y los que aplaudieron. En este reparto de responsabilidades aparecen políticos de muy distintos perfiles: los que asumieron, los que aplaudieron y los que se beneficiaron. El PNV ya no puede presentarse como espectador inocente: su apoyo prolongado facilitó y sostuvo el Gobierno al que hoy critica.
Aitor Esteban y su partido afrontan, por tanto, una encrucijada clara y amarga: reclamar distancia ahora es legítimo, pero la política no perdona la larga suma de actos y omisiones. La pregunta que Ábalos lanzó en 2018 —si el resto iba a colaborar con la impunidad, si el resto iba a encubrir todo esto— sigue teniendo vigencia. Hoy esa pregunta puede y debe dirigirse de nuevo a quienes durante años sostuvieron el proyecto que hoy quieren desmarcarse.
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