Los ataques a jueces son ataques al Estado de Derecho, recuerda Estrasburgo
Mattias Guyomar, presidente del TEDH, advierte sobre la independencia judicial tras su visita a España

Redacción · Más España


En una semana marcada por encuentros institucionales, Mattias Guyomar, presidente del Tribunal Europeo de Derechos Humanos desde hace un año, ha venido a España y ha hablado claro: los ataques personales a jueces no son meras ofensas privadas, son golpes contra el Estado de Derecho.
Guyomar, que mantuvo reuniones con magistrados del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional y concedió a EL MUNDO su única entrevista en España, trazó con precisión la naturaleza y los límites del TEDH. Recordó que el Convenio Europeo de Derechos Humanos opera sobre la base de una responsabilidad compartida y que el Tribunal no es una cuarta instancia ni un órgano casacional que revalora hechos o sustituye a los jueces nacionales.
El presidente del TEDH defendió la noción de una jurisdicción subsidiaria: la primera palabra corresponde a los jueces internos; Estrasburgo vela, en última instancia, por el cumplimiento de las garantías del Convenio. Esa tarea exige, dijo, independencia judicial total: los jueces no hacen política y la integridad de la jurisdicción debe ser defendida.
Guyomar también recordó la vocación evolutiva del Tribunal. Desde 1950, Estrasburgo ha debido pronunciarse sobre cuestiones no previstas por el texto original —del aborto al cambio climático, del suicidio asistido al derecho a llevar el velo en centros educativos— y lo ha hecho interpretando el Convenio a la luz del contexto actual, con un pragmatismo judicial que convierte al tratado en un instrumento vivo.
En relación con la polémica sobre inmigración que surgió el pasado mayo, el presidente rechazó la idea de que el Tribunal buscase homogeneizar políticas nacionales y apuntó que, en el último año, sólo el 1,5% de los asuntos del TEDH se referían a inmigración. Guyomar evitó comentar políticamente la iniciativa de nueve Estados —Austria, Bélgica, Dinamarca, Estonia, Italia, Letonia, Lituania, Polonia y República Checa— pero subrayó que el artículo 32 del Convenio otorga al Tribunal la facultad de interpretar el tratado y decidir cómo debe evolucionar. Citó además la iniciativa del secretario general del Consejo de Europa que permitió al Comité de Derechos Humanos elaborar un informe sobre cuestiones como la expulsión de extranjeros criminales, la instrumentalización de la inmigración en el este de Europa y los flujos masivos por el Mediterráneo, con vistas a una declaración política próxima.
Sobre casos concretos que han conmocionado a la opinión pública española, Guyomar reconoció conocer el asunto referido a la eutanasia de una joven llamada Noelia, en el que el TEDH abrió vía libre para la práctica de la muerte asistida el pasado 24 de marzo. Evitó, sin embargo, transformar la explicación jurídica en postura política, y recordó que la función del Tribunal consiste en aplicar y interpretar las exigencias del Convenio.
El mensaje que dejó en España fue rotundo y repetido: la independencia judicial no es decorado, es sostén. Y cuando la esfera pública se permite personalizar ataques contra magistrados, lo que se daña no es sólo la reputación de individuos, sino la propia arquitectura del Estado de Derecho que el Convenio y el TEDH buscan proteger.
También te puede interesar
Promesas vacías ante una deuda histórica: el Consell debe aclarar su papel en Serra Gelada
Una frase en el Parlamento no basta para afrontar más de 350 millones de euros de responsabilidad. La Generalitat debe dejar de eludir preguntas y explicar con rigor qué compromiso asume.
Política españolaEscándalo a la vista: el PP pide rebajar la pena a Aldama y el PSOE exige explicaciones
Que se rebaje la petición de prisión al empresario señalado como 'nexo corruptor' y que ve reconocidos más de cinco millones en mordidas, sin pruebas de la financiación que él mismo anunció, exige respuestas y reparación.
Política españolaCuando la voz de la flotilla golpea la impunidad
La exalcaldesa y otros tripulantes de la flotilla Global Sumud acusan a dirigentes israelíes de torturas, detenciones ilegales y crímenes de lesa humanidad; piden que la justicia española actúe.