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Las 'chistorras' que sacuden a Ferraz: memoria y contradicción en el Supremo

Koldo García reconoce que las 'chistorras' eran billetes de 500 y abre una brecha en la versión oficial del PSOE

Redacción Más España

Redacción · Más España

30 de abril de 2026 3 min de lectura
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Las 'chistorras' que sacuden a Ferraz: memoria y contradicción en el Supremo
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El relato público se resquebraja cuando la palabra y el papel se enfrentan. Ayer, en el Tribunal Supremo, Koldo García admitió lo que hasta ahora había sonado a jerga interna: las «chistorras» de los mensajes incautados eran, efectivamente, billetes de 500 euros. No es un giro retórico; es un dato que choca frontalmente con la declaración ofrecida la semana pasada por el ex gerente del PSOE, Mariano Moreno Pavón, quien afirmó categórico que el partido "nunca, nunca" empleó billetes de 500, 200 ni 100 para reembolsos desde la caja única del partido.

Que un testigo clave contradiga a otro ante el mismo tribunal no es una anécdota procesal: es un terremoto en la credibilidad. Koldo sitúa esos 500 en la casilla de "anticipos fondos a justificar" de una hoja de liquidación mostrada en el juicio, con la anotación explícita "500 + 500". Cuando la abogada le preguntó si podía ser que el PSOE abonara con dos billetes de 500, el acusado respondió: "Puede ser, en este caso no me acuerdo". Palabras medidas, pero suficientes para plantar una discrepancia que la causa aún tendrá que resolver.

La explicación que ofreció Koldo para la procedencia de esos billetes no se limita al partido. Según su testimonio, hubo tres vías: reembolsos del PSOE por gastos anticipados del equipo de Ábalos; billetes procedentes de los Servicios de Información de la Guardia Civil, que necesitaban canjear fondos; y el efectivo entregado por turistas extranjeros en sus pisos turísticos. Es la narración de alguien que se reconoce hábil para manejar efectivo durante décadas junto a Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, pero también la de quien admite recibir "una o dos chistorras al mes" por su cargo.

No se disiparon todas las sombras. Quedó en el aire el mensaje cruzado con su mujer sobre disponer de "2.000 chistorras" —la suma equivalente, si tomamos la equivalencia declarada, a un millón de euros—, cuestión que la defensa no abordó en su interrogatorio. Tampoco hubo aclaración sobre si las hojas de liquidación exhibidas al acusado fueron todas remitidas al Tribunal de Cuentas: la abogada de Koldo aseguró que había documentos que el PSOE no habría trasladado.

El episodio tiene doble lectura: por un lado, acota la materia penal que puedan extraerse de la admisión de Koldo —la acusación pública y la particular ya anticiparon que la repercusión penal podría ser limitada—; por otro, coloca en el foco político una contradicción que la organización tendrá que explicar ante la opinión pública. Cuando las cuentas no casan con las palabras, la política entra en zona de riesgo.

No se trata aquí de juicios morales anticipados, sino de insistir en lo obvio: la coherencia documental frente a la memoria de los testigos. El Tribunal y las partes tendrán que cruzar ahora versiones, numerarios y papeles. Y la ciudadanía merece una respuesta nítida: si en Ferraz hubo entregas en billetes de 500 para reembolsos, quién autorizó esos movimientos y por qué no figuran completos en los registros que deben ser públicos y auditables.

El caso Koldo, con sus "chistorras", sus "soles" y sus "lechugas", es ya más que una anécdota lingüística. Es un espejo incómodo para el PSOE: no por la palabra en sí, sino por la contradicción que revela entre lo afirmado por su dirección financiera y lo declarado en el más alto tribunal. La transparencia no es mero eslogan; es la herramienta elemental para restituir la confianza cuando las cuentas y las versiones se cruzan en sede judicial.

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