La purga en Vox: echaron a Ortega «porque Abascal lo pidió como un favor»
Presiones telefónicas, votación exprés y la caída del hombre que fundó el partido

Redacción · Más España


En la tarde del 22 de diciembre de 2025 se consumó un divorcio político que deja huella en la historia reciente de Vox. El cese de Javier Ortega Smith como vocal del Comité Ejecutivo Nacional —y su posterior expulsión del partido— no fue una rúbrica tranquila: fue una maniobra a contrarreloj, marcada por llamadas y mensajes que invocaron, como argumento último, la petición del propio Santiago Abascal.
Dos fuentes del Comité Ejecutivo Nacional confirmaron a EL MUNDO que, minutos antes del cese, la secretaria general adjunta, Montserrat Lluis, y el vicepresidente Ignacio Garriga contactaron con dirigentes de la cúpula para pedir el voto favorable a la destitución. El comodín comunicativo fue textual: "Esto no te lo pido yo. Te lo está pidiendo Santiago Abascal como un favor". Es la frase que precipitó la respuesta de muchos miembros y que, según los testimonios, funcionó como mandato informal.
La versión que circuló en esos llamados fue clara y concreta: se había intentado hablar con Ortega Smith y resultó "imposible"; además, se argumentó que su objetivo era "ser el presidente y quitar a Santiago". Ese miedo a una fractura orgánica —aunque no a una certeza de éxito en esa supuesta aspiración— fue la coartada invocada por parte de la dirección para justificar la expulsión fulminante.
El episodio quedó registrado en los mensajes y votos del propio Comité Ejecutivo. Tras un informe de seis folios firmado por Garriga, y tras un mensaje de Abascal a las 19:08 alegando "pérdida total de confianza política y personal", la votación se cerró a las 19:21 con la mayoría de dos tercios necesaria: 19 votos a favor y uno en contra, el del propio Ortega. Doce de esos votos se emitieron en menos de dos minutos, según EL MUNDO, en una cascada de apoyos que dejó a la mayor parte de los dirigentes sin tiempo para leer los correos adjuntos al informe.
La expulsión continuó su curso: primero se apartó a Ortega de la portavocía municipal madrileña y, cuando se negó a dejar el cargo, fue expulsado definitivamente. Ortega respondió públicamente en una carta cuyo adelanto publicó este diario el 3 de febrero, denunciando que cualquier opinión discrepante "es severamente reprimida y castigada", y que el Comité Ejecutivo Nacional había dejado de ser "un órgano de debate y reflexión" para convertirse en "un órgano meramente decorativo" que ratifica decisiones ya tomadas.
Los hechos, tal como los relata EL MUNDO, hablan de una decisión ejecutada con premura y respaldada por un uso explícito de la influencia presidencial en llamamientos directos a los votantes del Comité. No se imputan aquí motivos más allá de los relatados por las fuentes: llamadas de Montserrat Lluis e Ignacio Garriga, la invocación de un "favor" de Abascal, el informe de Garriga y la votación exprés que, en apenas 13 minutos, transformó la situación orgánica del partido.
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