La noche en la que falló la seguridad doméstica: fuego y humo que arrebatan vidas en Tenerife
Un incendio en Los Realejos deja una mujer fallecida y varios vecinos en estado crítico por inhalación de humo

Redacción · Más España


La madrugada del sábado en Los Realejos ha sido una de esas páginas negras que no debieron escribirse. A las 03:29 horas, un incendio que se inició en el interior de una vivienda en la primera planta de un edificio de tres alturas prendió con rapidez y se propagó por la fachada, alcanzando pisos superiores y viviendas anexas. El resultado inmediato y brutal: una mujer de 60 años fallecida por inhalación de humo y siete vecinos afectados por la humareda, tres de ellos evacuados en estado crítico.
No son cifras frías: son rostros y testimonios de una comunidad alterada en plena noche. Más de treinta personas tuvieron que abandonar sus hogares y buscar auxilio en escaleras y patios, mientras los efectos del humo les alcanzaban. Tres de los evacuados presentaron parada cardiorrespiratoria por intoxicación y fueron objeto de maniobras de reanimación, que permitieron recuperarlos antes de su traslado en estado crítico a centros hospitalarios. Los heridos de gravedad moderada —varios hombres de entre 48 y 71 años— fueron derivados también a distintos hospitales de la isla.
La respuesta de los servicios de emergencia fue inmediata y profesional: cuatro dotaciones del Consorcio de Bomberos de Tenerife, con base en La Orotava, La Laguna y Santa Cruz, lograron extinguir las llamas; el Servicio de Urgencias Canario activó unidades de soporte vital básico y un equipo de Atención Primaria colaboró en la atención inicial; además, se contó con la activación del equipo de psicólogos del Colegio de Psicología de Santa Cruz de Tenerife para atender a las víctimas.
Pero la eficacia de la intervención no salva del todo la verdad incómoda: el humo mató. La inhalación no entiende de horarios ni de paredes. Las autoridades sanitarias confirmaron la muerte de la mujer y describieron con crudeza cómo la intoxicación por humo puede llevar a la parada cardiorrespiratoria en cuestión de minutos. Bomberos de Tenerife ha reiterado la regla elemental en estos casos: confinarse cerrando puertas, ventanas y rendijas. Reglas sencillas que, en la práctica, pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Es obligación pública mantener la memoria de lo ocurrido y exigir que la prevención no sea una mera declaración. Que los dispositivos de emergencia actúen con rapidez es esencial, pero también lo es que se revisen las condiciones de habitabilidad, las rutas de evacuación y la información ciudadana sobre reacción ante humo y fuego. Esta tragedia exige honestidad en el relato y firmeza en la respuesta: cuidar la seguridad doméstica es proteger la vida de nuestros vecinos y conciudadanos.
Hoy una familia llora; hoy los servicios han dado la cara. Mañana, la lección debe materializarse en medidas concretas, divulgación y prevención, para que el humo no se vuelva a cobrar otra vida inocente en la madrugada.
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