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La Llorona: himno sin dueño que interpela nuestra identidad

Una canción ancestral que Chavela proyectó al mundo y que sigue viva en Lila Downs y Ely Guerra

Redacción Más España

Redacción · Más España

2 de mayo de 2026 3 min de lectura
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La Llorona: himno sin dueño que interpela nuestra identidad
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Hay canciones que no se limitan a ser melodías: se convierten en territorio. 'La Llorona' es una de ellas. Nació en el istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, y arraigó en la nación zapoteca, pero desde ese sur mexicano fue extendiéndose hasta reclamar la condición de patrimonio común. No tiene autor único; es tradición que ha ido sumando coplas a lo largo de los siglos.

Que no tenga dueño no la hace menos poderosa. Al contrario: su condición coral la vuelve imbatible. Rodrigo Bazán, investigador de la UAEM, apunta que en el Cancionero Folklórico de México aparecen 134 coplas vinculadas a 'La Llorona'. Es un dato que obliga a pensar en una construcción colectiva y prolongada, no en una invención reciente ni en una efímera moda.

El primer gran corpus de esas coplas lo generó Andrés Henestrosa en los años cuarenta, cuando se dedicó a recopilar la tradición. Esa labor documental confirma lo que el sentido común ya sugería: no estamos ante una pieza fabricada en un instante, sino ante una veta popular que ha ido profundizando su cauce por décadas.

Existen hipótesis sobre el significado y el origen de la figura cantada: algunos la ligan a la Malinche; otros la sitúan en episodios de la Revolución mexicana. Pero, como advierte el propio Bazán, vincular sin pruebas la canción con la leyenda de la mujer que mata a sus hijos exige saltos interpretativos arriesgados. De igual modo, la teoría de un origen revolucionario —aunque evocadora— no explica la existencia de tantas coplas en tan poco tiempo.

La voz que la interpreta transforma a la canción. Chavela Vargas, sin duda, le dio impulso internacional y la convirtió en un himno personal: suficiente para que Martín Urieta la nombre como tal. En pantalla y escenario, la pieza viajó y encontró nuevas pieles: Lila Downs la cantó en Tlaxiaco y la incorporó a su recorrido hasta hacerla sonar como ranchera en la película Frida; la misma Chavela la interpretó en ese filme y la reconoció en Downs como su sucesora.

Ely Guerra confiesa que la canción la atrapó: la sentía 'conocida', como si formara parte del ADN musical que es. En 2010, Guerra ofreció una interpretación potente junto a Alondra de la Parra y la Orquesta Filarmónica de las Américas, gesto que demuestra cuán contemporánea puede ser una pieza antigua cuando la interpretan voces que la reimaginan.

Hay en 'La Llorona' una dimensión espiritual que Lila Downs reivindica: la expectativa del público no busca solo la intérprete, sino algo que remite a tiempos y a identidades previas. Esa mística —esa exigencia de memoria— es parte de su fuerza. Cantarla en zapoteco, como señalan los expertos, añade una belleza y una autenticidad que el castellano no sustituye, sino que complementa.

La lección que dejan la tradición y las voces que la han hecho suya es doble y clara: la cultura popular no admite poses exclusivas, y su poder reside en la capacidad de atravesar fronteras sin perder sus raíces. 'La Llorona' es una canción de muchos y para muchos; una pieza que interpela la historia, la lengua y la emoción colectiva, y que seguirá siendo reescrita por quienes la habiten con verdad y respeto.

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