La derecha se beneficia de la grieta: usan a González y Guerra como arma
Carmen Romero denuncia el uso político de las discrepancias internas del PSOE en plena campaña andaluza

Redacción · Más España


Carmen Romero habla con la voz templada de quien ha vivido la política desde la trinchera: sindicalista, diputada, eurodiputada, compañera de tiempos determinantes. A sus 79 años, reclama la presencia que le piden en los actos del PSOE andaluz no por nostalgia, sino para defender lo que considera un legado que modernizó España y abrió camino a las mujeres.
Romero no oculta su diagnóstico: hay quien, desde la derecha, se aprovecha de la división. «La derecha utiliza esta situación», repite: cuando figuras del pasado, como Felipe González y Alfonso Guerra, muestran críticas contra Pedro Sánchez, ese desgarro interno se transforma en herramienta ajena. Es la táctica clásica: dividir para vencer.
No es nostalgia neutra la que invoca. Cuando aceptó presentar la candidatura que le pidió María Jesús Montero lo interpretó como un homenaje a las mujeres de su generación y como un gesto dirigido al peso del voto femenino en Andalucía. Reafirmar aquello que permitió «un avance enorme» de las mujeres es, para ella, una obligación frente a la «ofensiva fuerte de la ultraderecha» contra las políticas de igualdad.
Romero sitúa la actualidad en perspectiva: no soslaya las discrepancias generacionales ni las tensiones personales, pero las analiza con realismo. Reconoce que algunos de los suyos puedan sentirse apartados de protagonismos pasados; también afirma, taxativa, que «los tiempos cambian» y que hoy el protagonismo corresponde a la gente joven. Aun así, alerta: la ofensiva contra este ciclo político es profunda y diferente. «La etapa de ahora es mucho más difícil», dice, señalando la llegada de un «capitalismo depredador, salvaje y global» y una presión que acompaña a Pedro Sánchez desde el inicio por cuestionamientos de legitimidad.
Su defensa del legado no es un acto de cerramiento: es un llamado a la unidad y a la defensa de políticas que, en su opinión, modernizaron España y permitieron avances sustantivos para las mujeres. Y su apuesta por la privacidad frente al protagonismo constante revela una convicción libre de vanidad: opinar de lo que se sabe, guardar silencio de lo que se desconoce.
En definitiva, la advertencia de Carmen Romero es clara y contenida en hechos: existe una utilización política de las discrepancias internas que conviene denunciar; existe una ofensiva contra las políticas de igualdad que reclama la movilización; y existe, por encima de las pérdidas de protagonismo, la necesidad de preservar un legado que, para ella, merece defensa y transmisión a las nuevas generaciones.
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