La brutal verdad enterrada bajo hormigón: la muerte de Jesús Tavira exige respuestas
Hallazgo del cadáver, detenciones y una investigación que vuelve a sacudir a Alicante

Redacción · Más España


El escenario es tan brutal como incontrovertible: un aljibe, más de dos metros de profundidad, una capa de hormigón y un cuerpo envuelto en plástico. Esa imagen, fría en los hechos y estremecedora en la realidad, es la que la Policía Nacional ha dibujado tras hallar los restos del empresario alicantino Jesús Tavira.
La investigación, según han confirmado las fuerzas policiales, ha avanzado hasta el cotejo lofoscópico que atribuye las huellas al conocido empresario. La identidad ya era prácticamente segura por la medalla y otros efectos personales reconocidos por la familia, pero la confirmación técnica —la prueba de ADN— ha certificado lo que los indicios ya apuntaban: el cadáver corresponde a Tavira, cuyo cuerpo presentaba un avanzado estado de descomposición y múltiples heridas por arma blanca.
Los hechos no son un rompecabezas hipotético: Tavira estaba desaparecido desde el 18 de marzo y su vehículo apareció quemado tres días después en el barrio de Las Mil Viviendas. El domicilio registrado, en la partida de Bacarot, ha sido el epicentro de las pesquisas que se han saldado con la detención del matrimonio de la vivienda y de dos hombres más, todos de entre 35 y 45 años. A los cuatro se les atribuye participación en la muerte violenta y en la desaparición, y no se descartan más detenciones mientras el caso sigue en manos del grupo de delincuencia violenta (UDEV) de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Alicante.
Las diligencias no han sido banales: con mandamiento judicial se practicó una entrada y un exhaustivo registro que se prolongó más de diez horas, con apoyo del Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas (GOIT) y de las Brigadas de Policía Científica provinciales y general. La complejidad operativa y la contundencia del hallazgo obligan a mantener las prudencias legales —la autopsia sigue pendiente para concretar causas y circunstancias—, pero los hechos materiales ya hablan por sí mismos.
No es momento para especulaciones ni para mezclar causas no acreditadas. La Policía ha manifestado que, por el momento, descarta vinculación entre este asesinato y el antiguo y mediático homicidio de 2016 en el que el nombre de Tavira llegó a los medios. También ha trascendido que en una primera fase las pesquisas se centraron en uno de sus trabajadores, cuyo relato inicial fue descartado por los investigadores.
Frente a la conmoción y ante la gravedad probada del suceso, las instituciones policiales actúan con coordinación técnica y sin pausa: registro, excavación, análisis lofoscópico, pruebas de ADN y detenciones. Es la evidencia la que marca el ritmo; es la evidencia la que exige, además de el esclarecimiento judicial, que no se baje la guardia en la lucha contra la violencia que hoy se ha manifestado en un crimen tan crudo.
Alicante necesita respuestas claras y rápidas. La familia merece certidumbres. La sociedad exige que el peso de la ley caiga sobre los responsables y que las investigaciones sigan su curso con la máxima diligencia, transparencia y diligencia técnica que el caso reclama.
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