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La barbarie en La Bañeza: paliza a Miss Trans Zamora que casi pierde un ojo

Una agresión colectiva por motivos tránsfobos revela el incremento de la violencia de odio

Redacción Más España

Redacción · Más España

24 de marzo de 2026 2 min de lectura
La barbarie en La Bañeza: paliza a Miss Trans Zamora que casi pierde un ojo
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Los hechos conocidos en La Bañeza no son un titular inocuo: son la fotografía de un país donde la violencia de odio se conduce como si fuera una salida de ocio. Bianca Lizbeth Fernández, actual Miss Benavente y Miss Trans Zamora, fue increpada al intentar entrar en un aseo de un pub y, al salir, fue agredida por un grupo —según denuncia— de entre ocho y diez personas.

La descripción de lo ocurrido es brutal y precisa: insultos homófobos y tránsfobos, botellazos y patadas en la cara que dejaron a la víctima con múltiples contusiones y una brecha en un párpado que casi le cuesta un ojo. La agresión fue denunciada ante la Guardia Civil en Benavente, y las marcas en el rostro son prueba tangible de la brutalidad que no admite eufemismos.

No se trata de un choque aislado ni de una reyerta trivial. La Federación Plataforma Trans ha dejado claro, en su comunicado, que episodios como este son expresión de un clima creciente de odio y señalamiento hacia las personas LGTBIQ+, y en particular hacia las personas trans. Recalcan que la violencia vivida por Bianca no solo fue extrema, sino que pone en riesgo la vida y la integridad de muchas personas.

La presidenta de la Plataforma Trans ha reclamado actuaciones urgentes para localizar a los agresores. Es una petición que suena a mandato de sentido común: la respuesta de las instituciones y de la seguridad pública debe ser firme, rápida y eficaz frente a agresiones que, por su naturaleza colectiva y gratuita, buscan aterrorizar a comunidades enteras.

No podemos normalizar la barbarie bajo la excusa de un conflicto de barra de bar. Cuando la agresión se organiza o se produce en grupo, cuando incluye insultos homófobos y tránsfobos y casi provoca la pérdida de un ojo, estamos ante un delito de odio que exige toda la firmeza del Estado de Derecho. La sociedad tiene la obligación de alzar la voz y exigir que los responsables sean identificados y respondan ante la justicia, y que se actúe para desmontar el clima de impunidad que alimenta estas agresiones.

La solidaridad expresada por otras concursantes y por colectivos no es ornamental: es el termómetro de una comunidad que exige seguridad y reconocimiento. La lección que deja este caso debe ser tomada en serio por todas las instancias: prevención, investigación y sanción son tres vértices inseparables para impedir que la violencia vuelva a convertir a una noche de ocio en una carnicería moral.

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