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Fernández Díaz traza su contención: aislarse para no hundirse

En el juicio Kitchen, el exministro separa su figura del resto de acusados y cuestiona las pruebas que lo sitúan en la cúspide de la operación

Redacción Más España

Redacción · Más España

3 de mayo de 2026 3 min de lectura
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Fernández Díaz traza su contención: aislarse para no hundirse
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En los primeros compases del juicio Kitchen, Jorge Fernández Díaz no sólo ha intentado deslindar responsabilidades jurídicas; ha señalado con gesto físico y simbólico su distanciamiento: durante los descansos se aparta y se sienta solo, imagen rotunda que pretende traducirse en tesis de defensa.

Esa tesis es clara y calculada. A través de su letrado, Fernández Díaz reclama que las acusaciones contra él se sostienen en "aseveraciones y conjeturas", fruto —según el escrito remitido a la Audiencia Nacional— de una interpretación "interesada, sesgada y voluntarista" de los hechos. Frente a esa narrativa, la Fiscalía Anticorrupción dibuja otra: sitúa al exministro en la cúspide de Kitchen y solicita 15 años de prisión, porque entiende que la cúpula de Interior ideó en 2013 una operación para sustraer documentos incriminatorios de Luis Bárcenas.

La defensa pivota sobre un dato que pretende ser exculpatorio: Fernández Díaz no aparece en la contabilidad paralela atribuida al extesorero, a diferencia de otros dirigentes. Ese argumento fue explorado incluso en el interrogatorio al inspector jefe Manuel Morocho, que respondió que, indiciariamente, el nombre del exministro no figuraba en la lista de perceptores de fondos.

No obstante, la estrategia encierra un riesgo inevitable: apunta hacia el partido. En un escrito, la defensa cuestiona que se haya encapsulado Kitchen en el entorno de Interior cuando, según sostiene, el sumario contempla indicios que señalan a personas ajenas al ministerio. El expediente de la causa, tal como recoge el sumario, apuntó en su momento a figuras como María Dolores de Cospedal, quien finalmente fue excluida del juicio por el magistrado instructor.

Frente a la acusación y a las dudas de la defensa, Rajoy y Cospedal, al declarar como testigos, no se limitaron a negar su implicación: ofrecieron un manto de protección sobre Fernández Díaz. El expresidente defendió la idea de la función ministerial alejada de operaciones clandestinas; Cospedal subrayó la rectitud del examigo y excompañero.

Pero en el corazón probatorio del caso laten los SMS que Francisco Martínez, exsecretario de Estado, dejó por escrito ante notario. Esos mensajes, con referencias concretas a la operación —"La operación se hizo con éxito. Se ha volcado todo..."— y a la supuesta existencia de material volcado de teléfonos y dispositivos, figuran entre los elementos que condujeron a sentar al exministro en el banquillo. Martínez asegura que aquellos mensajes los recibió y que los remitió en su momento, apuntando a la participación del entonces titular de Interior.

La escena que se construye en la sala es, por tanto, una de contrastes nítidos: una Fiscalía que sitúa a Fernández Díaz en la cúpula de Kitchen, una defensa que busca disociarlo del entramado alegando ausencia de vínculo con la contabilidad de Bárcenas y cuestionando la interpretación de las pruebas, testigos que dicen proteger su honor y documentos —los SMS— que alimentan la investigación.

El juicio sigue su curso con interrogatorios ya a más de medio centenar de testigos. Las piezas que se pongan en su sitio determinarán si la línea de separación que pretende trazar el exministro resiste al escrutinio probatorio o si la investigación termina por reconstruir la trama con él en el vértice que la Fiscalía reclama.

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