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El misterio del hipotético Planeta 9 y el papel decisivo de Chile

La Vera Rubin, en lo alto de Chile, puede inclinar la balanza entre especulación y descubrimiento

Redacción Más España

Redacción · Más España

26 de abril de 2026 3 min de lectura
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El misterio del hipotético Planeta 9 y el papel decisivo de Chile
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Vivimos desde 2006 en un vecindario de ocho planetas tras la revisión de la definición planetaria que relegó a Plutón. Pero la ciencia no se conforma con etiquetas: la idea de un lejano y masivo “Planeta 9” ha ocupado a astrónomos serios desde 2016, cuando Konstantin Batygin y Michael Brown, de Caltech, ofrecieron una explicación coherente para órbitas extrañas de varios objetos transneptunianos.

Es preciso ser claro: hasta hoy no hay avistamiento confirmado. La hipótesis de Batygin y Brown se basa en modelos informáticos que sugieren un cuerpo de unas diez masas terrestres, en una órbita muy elíptica e inclinada, situado de media unas veinte veces más lejos que Neptuno y con un periodo orbital que podría alcanzar decenas de miles de años. Tan distante, reflexión elemental, significa tan tenue: difícil de ver con la tecnología previa.

Aquí entra Chile, punto geográfico y estratégico. En lo alto de una montaña en el norte chileno, el observatorio Vera Rubin comenzó en junio de 2025 una misión diseñada para barrer el cielo del Hemisferio Sur cada pocas noches. No se trata de apuntar una y otra vez a un objetivo concreto, sino de escrutar a gran escala con la cámara digital más grande que se ha construido, durante una campaña de diez años.

Las cifras y expectativas que maneja la comunidad astronómica son tangibles y prudentes: Rubin espera catalogar miles de millones de objetos cósmicos y sumar más de 40.000 nuevos objetos transneptunianos. Eso convierte al observatorio en una herramienta capaz de encontrar cuerpos más tenues y más lejanos que los accesibles hasta ahora. Si el Planeta 9 existe en la gama de tamaños y distancias postulada, Rubin lo encontrará o, al menos, aportará pruebas concluyentes sobre su existencia.

Michael Brown ha expresado en términos directos la posibilidad: o la Vera Rubin detecta directamente al supuesto planeta o nos dará evidencias irrefutables que permitan cerrar este capítulo. Incluso plantea un horizonte cercano: podría detectarse en uno o dos años. Si la predicción se cumpliera, no sería un hallazgo menor: Batygin y Brown han destacado que, de confirmarse, ese cuerpo sería el quinto más grande del Sistema Solar y el primero descubierto formalmente desde el hallazgo de Neptuno en 1846.

Hay además una ironía histórica que vale la pena recordar con honestidad intelectual: Michael Brown, hoy defensor de un nuevo gran cuerpo, fue también clave en el descubrimiento de Eris en 2005, hallazgo que precipitó la reordenación planetaria y la pérdida del estatus de Plutón. La ciencia avanza hiriendo certezas si es preciso, porque su lealtad no es con nombres sino con los hechos observados.

No hay lugar en este relato para exaltaciones sin fundamento ni para negaciones por fe. Lo que hay es un instrumento potente en Chile, datos que comenzarán a llegar en cantidad y una hipótesis que puede pasar, en breve, del terreno de la elegancia teórica al de la observación directa —o a la refutación definitiva. Así se hacen la astronomía y la soberanía del conocimiento: mediante la búsqueda incesante y la prueba visible, no por consignas.

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