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Cuando la sombra de Marruecos obliga a mirar de frente: defensa en alerta

Expertos y mandos advierten que el aumento del gasto no borra las debilidades estructurales

Redacción Más España

Redacción · Más España

27 de abril de 2026 3 min de lectura
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Cuando la sombra de Marruecos obliga a mirar de frente: defensa en alerta
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“Creo que la base aérea de Morón va a terminar en Marruecos”. Con esa frase, pronunciada por el teniente general Juan Montenegro Álvarez de Tejera en LA RAZÓN, se condensan las inquietudes de quienes contemplan el tablero estratégico que separa a España del reino alauí.

No se trata de hipérbole: el antiguo jefe del Estado Mayor de la Defensa, Fernando Alejandre, advertía también, en la misma línea, de una “amenaza clara” del régimen de Mohamed VI sobre Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía. Son voces que apuntan a un riesgo tangible, no a una abstracción retórica.

¿Cómo responde España? El dato objetivo existe: según SIPRI, el gasto en defensa se ha incrementado un 50% y el país supera por primera vez desde 1994 el umbral del 2% del PIB. Pero la cifra, por relevante que sea, convive con carencias concretas en capacidad operativa: un déficit de hasta 23.000 soldados frente al marco legal previsto; la ausencia de un solo dron armado operativo; y sistemas de defensa en Ceuta y Melilla con alcance inferior a ocho kilómetros.

Mientras tanto, la apuesta marroquí se ha concretado en adquisiciones significativas y en transferencia industrial: F-16 de última generación, tanques Abrams, misiles HIMARS y una fábrica de drones israelíes en su territorio. A esto se suman compras de Bayraktar TB2 y sistemas israelíes —Heron y Harop— que mejoran la vigilancia marítima y terrestre en torno a Ceuta y Melilla. En el aire, la renovación con nuevos modelos de F-16 y radares de largo alcance muestra un avance notable en capacidad de control del espacio.

Otro hecho incuestionable: el manejo del espacio aéreo por Casablanca obliga a una coordinación bilateral constante para vuelos militares, un factor que puede convertirse en palanca política y operativa. El propio Ejército señala que las restricciones aéreas son ya un gesto de primer orden, capaz de alterar operaciones y rutas.

Las cifras de personal no mienten: España dispone de 2,4 militares por cada millar de habitantes frente a una media de la OTAN de 6,0. Marruecos, tras reinstaurar el servicio militar obligatorio en 2019, cuenta con 200.000 efectivos activos; España no alcanza los 117.000. En este contexto, la AME advierte de que “el enemigo potencial se encuentra a las puertas”.

Analistas y oficiales reclaman replantear más allá del dato presupuestario. El artículo de la Universidad de Navarra firmado por Miguel Ayerra habla de pérdida de “superioridad militar” y la necesidad de reformular el gasto. José Arias Otero, del EME, subraya que los avances de Marruecos deberían ser “un acicate para incrementar y aumentar las Fuerzas Armadas españolas” y alerta de una “espiral escalatoria” que delata que la disuasión nacional no opera con la eficacia exigible.

Así las cosas, el aumento del gasto es un inicio obligado, pero no garantiza por sí solo la seguridad. Las evidencias reunidas —capacidades desplegadas por Marruecos, limitaciones operativas españolas y la complejidad del control aéreo— dibujan un panorama que exige decisiones estratégicas, políticas y de estructura de fuerzas. Ignorar esas realidades sería dejar en manos del azar y de la geografía la definición del interés nacional.

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