Cuando la confesión llega tarde y el rastro se borra: la 'deixa' que sacude a Cataluña
Del ocaso procesal de un patriarca a la primera declaración del primogénito, el caso Pujol vuelve al banquillo de los hechos

Redacción · Más España


La Audiencia Nacional ha cerrado una puerta y ha abierto un interrogante. El tribunal ha exonerado, por su estado de salud, a Jordi Pujol del juicio que rodeaba la fortuna oculta en Andorra. Pero la causa no se disuelve: quien ha tomado el estrado es su primogénito, Jordi Pujol Ferrusola, llamado a responder por lo que el patriarca dejó confesado en un comunicado tardío, una tarde de viernes de julio de 2014.
El fiscal Fernando Bermejo centró desde el inicio el interrogatorio en el origen de la llamada 'deixa' del abuelo Florenci, ese patrimonio oculto en Andorra que el propio Pujol reconoció en su día. Frente al tribunal, Jordi 'junior' se apresuró a desvincular a su padre de la gestión de esos fondos y ofreció una sentencia breve y brutal: «el dinero opaco no deja rastro». Frase que, por sí sola, no admite eufemismos.
No es baladí que la primera declaración entre los acusados sea la de quien carga con el apellido y con las sombras del clan. Pujol Ferrusola relató, además, su papel en los negocios: admitió que en una época concreta se dedicó a «pasar información privilegiada», en lo que definió como el periodo del «España va bien» durante la presidencia de Aznar, actuando como conseguidor para el sector privado.
Los hechos conocidos —la exoneración por motivos de salud del fundador, la confesión pública de la 'deixa' en julio de 2014, la comparecencia del primogénito y su afirmación sobre el «dinero opaco»— conforman un relato de sombras donde el rastro se pretende borrado y la responsabilidad se disputa en el banquillo. Los tribunales escuchan; la sociedad observa. Y en esa tensión, las palabras pronunciadas en sede judicial pesan tanto como los documentos que, según el propio declarado, el opaco capital no permite encontrar.
Queda, pues, en manos de la Justicia esclarecer hasta qué punto la confesión del patriarca, la desvinculación de su hijo y la atávica presencia de secreto financiero en Andorra forman una trama cerrada o un conjunto de piezas sueltas. Pero una cosa es cierta y está en los hechos: la herencia fue reconocida públicamente, la Audiencia suspendió el juicio contra el padre por motivos de salud y el primogénito afronta ahora el interrogatorio que el tribunal demanda sobre el rastro ausente del dinero opaco.
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