Ábalos: la sentencia que no cabe encerrar en el pasado
El juicio y las investigaciones colocan al sanchismo ante un horizonte de titulares que no se apagan

Redacción · Más España


Que el exministro José Luis Ábalos haya comparecido ante el Tribunal Supremo no es un capítulo que pueda ser convenientemente archivado como reliquia de un tiempo superado. El proceso no sólo remite a hechos pasados; aviva pesquisas pendientes —las preguntas sobre el dinero en efectivo en Ferraz y la causa secreta en la Audiencia Nacional— que obligan a mirar hacia adelante con atención.
No se trata de reducir la cuestión a una mera evocación histórica, como si fuera posible separar al personaje del hilo que todavía tira de la trama. El juicio en el Alto Tribunal no ha limitado su alcance a una etapa anterior del sanchismo: la figura de Ábalos y la presencia de Cerdán multiplican y amplifican las incógnitas sobre prácticas bajo la fachada de un Gobierno que proclamó ejemplaridad.
Esto, en términos políticos, tiene consecuencias concretas. Las encuestas citadas señalan que, pese a movimientos tácticos —como aprovechar el rechazo a Trump o el «no a la guerra»—, el PSOE se enfrenta a un panorama donde reeditar una coalición de investidura se antoja difícil. Lo poco que mejora en sondeos lo hace, además, a costa de los socios necesarios para sostener al Ejecutivo: una pescadilla que se muerde la cola.
Hay, asimismo, un problema de desgaste que Moncloa no acaba de superar: la corrupción aparece como un lastre persistente. No es la única moneda de cambio en la percepción ciudadana —factores como la inmigración o la crisis de la vivienda pesan—, pero resulta un impedimento tangible para recuperar una popularidad durable. Y cuando el Gobierno logra éxitos tácticos, al día siguiente reaparecen titulares que recuerdan que Ábalos sigue ahí.
La lección es clara y dura: poner a la política bajo la lupa de la ejemplaridad exige coherencia y respuestas que no se contenten con emplazar los problemas en el pasado. Si las investigaciones sobre el efectivo en Ferraz y la causa bajo secreto en la Audiencia Nacional avanzan, las repercusiones no serán patrimonio exclusivo de un exdirigente, sino una cuestión que afectará al presente y al futuro del proyecto sanchista.
Quien gobierna no puede esperar que la opinión pública convierta en fósiles las noticias incómodas. Gobernar implica también afrontar las consecuencias de los nombramientos y las responsabilidades políticas. Si la política no ofrece limpieza y transparencia, los electores no esperarán a que los escándalos queden encajonados como reliquias de otra era: demandarán cuentas aquí y ahora.
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