Yaya quiere quedarse: de la patera a pedir papeles para ser fontanero
Un joven gambiano que llegó a Formentera hace un año busca regularizar su estancia en Almería

Redacción · Más España


Llegó en patera, con un móvil y una camiseta del Real Madrid, y recuerda la fecha con precisión: el 27 de marzo de 2025. Eso cuenta Yaya Coley, joven nacido en Gambia, fotografiado por EL MUNDO cuando desembarcó en la costa sur de Formentera tras dos días a la deriva hasta el faro de la Mola.
Trece meses después, y apenas horas después de que se abrió el plazo para tramitar la regularización que impulsa el Gobierno, EL MUNDO localiza a Yaya en Almería. Allí duerme junto a un compatriota en la terraza de un bar cerrado, trabaja dos o tres días por semana recogiendo tomates y ha llevado su pasaporte y un certificado de la policía de su país a la Cruz Roja para que le ayuden a tramitar la documentación.
Su travesía fue larga y peligrosa: recorrió media África a pie y en camioneta hasta la costa del Magreb, una ruta de unos 5.300 kilómetros por la que pagó más de 2.000 euros. Pasó por Argelia, donde fue retenido y trabajó en condiciones insalubres, y finalmente embarcó en una patera en la que, según declaró, los patrones argelinos abandonaron a la tripulación en mar abierto.
En Formentera fue atendido junto a 23 compañeros de patera —19 hombres, tres mujeres y un niño— tras un accidentado desembarco en la costa rocosa de Es Caló. La Guardia Civil y el 112 acudieron al rescate; uno de los ocupantes tenía heridas en las piernas. Tras ser retenido y arrestado unos días mientras se le investigaba por llevar el timón, quedó libre y fue trasladado a Mallorca a un centro de la Cruz Roja.
En el archipiélago contó su odisea sentado en la playa de S'Arenal: huyó de Gambia en busca de oportunidades, recuerda amigos que murieron intentando cruzar desde Túnez y admite que no volvería a subirse a una patera porque “es demasiado peligroso”. Su caso encaja en una tendencia documentada: la ruta argelina fue la que más creció en 2025, con 7.321 migrantes llegados por esa vía, algo más del 50% de ellos de origen subsahariano.
Tras pasar por Valencia, Yaya recaló en Almería, donde residió cinco meses en un centro de acogida —allí tuvo cama, comida y aprendió español— y, al haber alcanzado la mayoría de edad, dejó el centro y vivió en la calle. Relata periodos viviendo en un parking y después buscando un techo junto a compatriotas. Hoy aspira a “quedarse en España” y aprender un oficio: quiere trabajar como fontanero.
Sus pasos actuales son claros y concretos en sus palabras: tiene pasaporte, un certificado policial de Gambia y ha pedido ayuda a la Cruz Roja para tramitar la regularización. Vive entre la periferia de Almería —el barrio de las 104 viviendas, Cortijo Grande— y los campos donde recoge tomates por unas jornadas a la semana. Esa es, por ahora, la realidad que documenta EL MUNDO: un joven que llegó en patera, transitó centros de acogida y la calle, y ahora, con papeles en preparación, pide una oportunidad para trabajar y quedarse.
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