Vox, artífice del bloqueo que Feijóo denuncia: ¿a quién sirve realmente?
Feijóo acusa a Vox de obstruir gobiernos autonómicos para condicionar elecciones sucesivas

Redacción · Más España


Alberto Núñez Feijóo ha trazado un diagnóstico nítido y sin contemplaciones: el bloqueo a gobiernos autonómicos del PP no es un incidente aislado, sino una táctica que se reproduce con calendario en la mano. Desde Riaza, a seis días del voto en Castilla y León, el líder popular ha apuntado a Vox como la fuerza que, por interés electoral, está dispuesta a impedir la gobernabilidad allí donde el PP ganó y podría gobernar.
Feijóo no habla en hipótesis: sitúa los ejemplos y señala responsables. Cita Extremadura, donde la investidura de María Guardiola quedó tumbada la semana pasada, y Aragón, donde aún no se han cerrado acuerdos; y de ese mapa extrae una previsión concreta: Vox volverá a “bloquear” Castilla y León porque, a su juicio, las siguientes urnas están fijadas en Andalucía. Es un razonamiento de calendario electoral, simple y contundente.
El reproche es severo y calculado: “Nadie puede entender que Vox estafe a sus votantes dando alegrías al sanchismo”, ha dicho Feijóo, acusando a los de Abascal de, con su abstención o con su voto junto al PSOE y Podemos, facilitar que la izquierda impida al PP gobernar pese a ganar. El ejemplo de Extremadura sirve de emblema: un 43% que no gobierna por la decisión de terceros. El golpe retórico está lanzado para que la estrategia de obstrucción pase factura en las urnas.
Abascal responde con otra acusación: que Feijóo fue quien impidió acuerdos en Aragón y Extremadura, y reclama al PP “negociaciones serias” tras las elecciones, con medidas, plazos y garantías. El intercambio no es solo intercambio de culpas; revela una verdad política elemental: pese al choque durante la campaña, ambos partidos —PP y Vox— saben que están condenados a entenderse. El contraste entre la bronca pública y la necesidad práctica de pactar traza la frontera de la política real.
Feijóo añadió munición a su ofensiva: apuntó a La Moncloa y al equipo de Pedro Sánchez, acusando a su gabinete de dedicarse a la propaganda. Citó una información de EL PAÍS y lanzó una cifra —700 personas trabajando para Sánchez en Moncloa— para subrayar, en términos contundentes, que hay una “factoría del engaño” dedicada a intoxicar la opinión pública. Sus palabras vienen cargadas de mensaje doble: debilitar al adversario y reforzar la percepción de que el PP es víctima tanto de la izquierda como de la deslealtad de la derecha.
No hay en estas intervenciones un susurro de humildad: Feijóo busca señalar culpables, asociar obstrucción con traición al votante y convertir el bloqueo en argumento central de campaña. Vox, por su parte, replica con el argumento de la negociación frustrada y exige garantías. Entre la prédica y la práctica, la gobernabilidad de comunidades donde el PP triunfó queda en vilo y los ciudadanos observan cómo el calendario electoral marca decisiones que afectan a la vida pública.
Que así sea o no, queda claro un hecho elemental y comprobable: las decisiones de un partido que se niega a facilitar gobiernos, o que vota junto a la izquierda para que el PP no gobierne, tienen efectos reales sobre la gobernanza autonómica. Y ese es, en definitiva, el mensaje que Feijóo pretende convertir en motor de movilización: que votar no es un acto abstracto, sino la llave para abrir o cerrar administraciones en el país.
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