Victoria insuficiente: el PP gana pero necesita a Vox para gobernar
La encuesta deja al centro-derecha ganador, pero con dependencia inevitable del ala dura

Redacción · Más España


Hace apenas quince días la demoscopia sonreía al Partido Popular: un avance notable respecto a 2022 y la promesa de una senda ascendente. Hoy ese optimismo se ha quedado a medias. El último sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO confirma que el PP mantiene el salto frente a hace cuatro años, pero ese impulso choca con el empuje de Vox, que, en solo quince días, sube tres puntos y se acerca peligrosamente al 20% del voto autonómico, con posibilidades de alcanzar hasta 17 procuradores.
Es un reequilibrio de fuerzas con aroma a jaula de presas: el PP gana en pluralidad de apoyos y en escaños —con pronósticos que le sitúan en torno a 31-34 diputados—, pero la mayoría absoluta está lejos. La cifra mágica son 42 procuradores; sin los votos de Vox, toda victoria se queda en gesto vacío. Ninguna suma con las fuerzas regionalistas (XAV y Soria ¡Ya!) bastará para levantar la investidura de Alfonso Fernández‑Mañueco.
El PSOE, por su parte, aparece inmóvil, clavado a dos décimas del umbral del 30% logrado en 2022 y proyectado entre 26 y 28 escaños. No hay en estas cifras el despegue que permitiría disputar el gobierno: estancamiento y espejismo de estabilidad.
En el tablero provincial se acelera la polarización. Vox podría arrebatar a PP o PSOE representación en provincias clave; en Segovia, el nuevo procurador que añaden las Cortes por el incremento poblacional apunta a Vox; en Soria, Soria ¡Ya! podría perder escaños que pasarían a PP y Vox; en Valladolid, la pelea beneficiaría a PP, PSOE y Vox a costa de Podemos y Ciudadanos.
La traslación de votos documentada por la encuesta es elocuente: Vox capta un volumen significativo de electores que hace cuatro años votaron al PP —un trasvase que, neto, dibuja el gran beneficiario de estos días—. Ciudadanos, en declive, reparte su electorado principalmente entre PP, Vox y PSOE. Podemos se desploma y corre el riesgo real de perder su representación; su voto se fragmenta, parte hacia el PSOE y parte hacia la alianza IU‑Sumar, que con un 3,8% se mueve al filo de entrar o quedarse fuera.
También hay espacio para el regionalismo leonesista: la UPL sube tres décimas respecto a 2022 y podría aspirar a hasta cuatro procuradores, reclamando además condiciones políticas incompatibles con un pacto con los populares, al condicionar cualquier acuerdo a la celebración de un referéndum.
Son datos que hablan con claridad técnica: trabajo de campo entre el 23 de febrero y el 6 de marzo, 2.360 entrevistas, metodología mixta telefónica y de panel; margen de error absoluto aproximado ±2,2% para un nivel de confianza del 95,5%. No son conjeturas: son cifras que dibujan una geografía de poder tensa y contingente.
El diagnóstico es rotundo y, al mismo tiempo, sobrio. Gana el PP, pero no gobierna en solitario. Abascal y su formación crecen con velocidad y capacidad de veto. El PSOE no araña terreno. Las fuerzas que en su día ocuparon el centro o la izquierda extraparlamentaria ven evaporarse su capacidad influyente. El resultado probable es, por tanto, un gobierno marcado por la necesidad de acuerdos con la derecha radical y por la fragilidad de mayorías que serán objeto de chantaje político y negociación constante.
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