Therese no se ha ido: La Gomera sigue en emergencia mientras Canarias cuenta sus heridas
Nueve días después, la borrasca deja daños materiales, escuelas afectadas y municipios que tardarán meses en normalizarse

Redacción · Más España


Nueve días después de su llegada, la borrasca Therese no se despide sin dejar cuentas pendientes. La Gomera continúa en estado de emergencia; no es ya solo una advertencia meteorológica, sino la constatación de que la isla sigue drenando agua y riesgo. Las escorrentías persisten y con ellas la suspensión de clases, porque el peligro no es solo gota a gota, sino cauces y barrancos que siguen activos.
El resto del archipiélago no escapa a la huella del temporal, aunque con distinto grado de impacto. Gran Canaria, Tenerife y La Palma fueron regadas por la misma borrasca y hoy cuentan daños, gestionan alertas y calculan pérdidas. El Gobierno de Canarias ha valorado, de forma preliminar, más de diez millones en daños materiales; la Consejería de Educación concreta que solo en centros educativos la afección asciende a diez millones. Cifras que, sobre el papel, son el compost de meses de trabajo para devolver la normalidad.
No son cifras abstractas: medio centenar de centros han sufrido distintos grados de afectación, con 24 en Gran Canaria y 17 en Tenerife, y perjuicios repartidos por todas las islas. La lluvia que puede alegrar al agricultor por disponer de agua para riego —como dijo un vecino de Santa Brígida—, también ha roto muros, caminos y tuberías; en Valle Gran Rey más de un centenar de vecinos en Guadá siguen sin suministro tras la saturación y rotura de conducciones.
Las autoridades explican lo evidente: la atmósfera empieza a estabilizarse, según la Aemet, y en buena parte del archipiélago el cielo será más despejado. Pero la meteorología no es el único relato: los barrancos continúan corriendo, los desprendimientos mantienen alertas y la red viaria y de servicios acumula incidencias. Tenerife, pese a rebajar a nivel 1 la emergencia, contabilizó cerca de 600 intervenciones en la noche; Gran Canaria levanta la alerta sobre desprendimientos y su presidente insular advierte del riesgo enorme que supone transitar por el interior.
El presidente del Cabildo de La Gomera sintetiza lo que muchos sienten: las lluvias han dejado secuelas importantes. Y es que la recuperación no es solo restaurar tuberías o cerrar vendavales: es volver a clases, recuperar caminos, reparar muros y, sobre todo, que los municipios que anuncian que tardarán meses puedan hacerlo con recursos y planificación.
No cabe dramatizar sin datos ni minimizar sin medidas. La lectura que deja Therese es triple y clara: la meteorología comienza a dar tregua, pero las consecuencias siguen activas; las valoraciones económicas son solo un primer esbozo; y la prioridad inmediata es asegurar infraestructuras críticas —escuelas, suministro de agua, carreteras— para que la normalidad deje de ser promesa y vuelva a ser rutina. Esa es la tarea ahora: contabilizar, reparar y prevenir para que la próxima lluvia no sorprenda con las mismas fisuras.
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