Teherán bajo la lluvia negra: la guerra también contamina el aire
Los ataques a instalaciones petroleras han desatado humos tóxicos y chaparrones contaminados sobre la capital iraní

Redacción · Más España


La guerra se escribe también en el aire que respiran los civiles. Desde que, el 28 de febrero, comenzaron los ataques de Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán, Teherán ha visto cómo se elevan columnas de humo sobre la ciudad, mientras vecinos hablan de un olor persistente a quemado y del sol oculto por el smog.
Imágenes satelitales —captadas y revisadas por BBC Verify el 9 de marzo— muestran instalaciones petroleras todavía en llamas. BBC Verify ha confirmado al menos cuatro ataques contra depósitos y refinerías en los alrededores de la capital. Las Fuerzas de Defensa de Israel publicaron en X el 7 de marzo información sobre un ataque a depósitos de combustible cerca de Teherán; las autoridades estadounidenses e israelíes no han hecho declaraciones públicas sobre todos estos incidentes.
No se trata solo de incendios que iluminan la noche con enormes bolas de fuego: los expertos alertan sobre una combinación de contaminantes cuya magnitud podría "no tener precedentes". Cuando el petróleo arde de forma incompleta se liberan monóxido de carbono y partículas de hollín; además, pueden emitirse óxidos de azufre y nitrógeno, hidrocarburos nocivos, compuestos metálicos y gotitas de petróleo. Esa mezcla explica por qué científicos señalan que lo ocurrido difiere del smog urbano habitual y se asemeja a lo que veríamos tras un accidente industrial catastrófico.
La denominada "lluvia negra" —chaparrones que arrastran hollín y otros contaminantes— ha sido reportada por residentes de la ciudad. Científicos explican que las gotas de lluvia actúan como esponjas que recogen lo que hay en el aire al caer; el resultado son precipitaciones visiblemente oscuras y potencialmente cargadas de sustancias dañinas.
Evaluar con exactitud la magnitud del daño y la contaminación es complicado: faltan mediciones terrestres fiables y los datos satelitales se ven afectados por vientos y nubes. Aun así, la Organización Mundial de la Salud advirtió que los ataques a instalaciones petroleras podrían representar graves riesgos para la salud. Residentes de Teherán relatan cansancio, incapacidad para ver el sol y un humo persistente que lo impregna todo.
La foto es inquietante y clara: ataques militares que dañan infraestructura energética no solo afectan a objetivos estratégicos, sino que vierten al entorno urbano una nube de riesgos ambientales y sanitarios. En una metrópoli de casi diez millones de habitantes y millones más en su periferia, el alcance de esas consecuencias merece, por sí mismo, atención y una evaluación urgente y transparente de las autoridades competentes y de la comunidad internacional.
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