Delfines, minas y dudas: la historia real detrás del rumor iraní
De Crimea al Estrecho de Ormuz, hechos que alimentan una inquietante leyenda

Redacción · Más España


La noticia que hoy sacude ruedas de prensa y titulares tiene la apariencia de una fábula moderna: delfines suicidas, minas atadas a lomos, embarcaciones hostigadas en el Golfo Pérsico. Pero, antes de sucumbir al escepticismo o al pánico, conviene anclar la discusión en lo que sabemos por fuentes abiertas.
El Pentágono fue interpelado el 5 de mayo sobre la posibilidad de que Irán emplee «delfines kamikazes». El secretario de Defensa Pete Hegsett respondió con cautela: no confirmó ni negó la existencia de delfines suicidas propios, y sí afirmó que Irán no los tiene, según la cadena de preguntas de esa comparecencia. El general Dan Kaine respondió con ironía, comparándolo, textualmente, con «la historia de tiburones equipados con rayos láser». Son declaraciones públicas que muestran al menos inquietud y humor tenso ante informes que circulan.
Esos informes aluden a un reportaje del Wall Street Journal que evaluó la presión que ejerce el bloqueo naval estadounidense en el estrecho de Ormuz y la búsqueda iraní de soluciones asimétricas. El artículo señaló que funcionarios iraníes mencionaron la posibilidad de emplear armas poco convencionales —desde submarinos hasta delfines equipados con minas— para atacar buques de guerra estadounidenses. El propio texto también recogió otras amenazas señaladas por la Guardia Revolucionaria Islámica, como la de cortar cables de fibra óptica en el estrecho, con el consiguiente impacto en el tráfico global de internet.
No se trata de un invento ex nihilo. La propia BBC recuerda que, hace 26 años, se informó que Irán había comprado a Ucrania animales adiestrados que, en origen, habían formado parte de programas soviéticos. Según ese informe, un lote de 27 individuos —entre marsopas, leones marinos, focas, una beluga y delfines— fue transportado desde Sebastopol hasta el Golfo Pérsico en un avión de transporte. Varios de esos mamíferos habían sido entrenados por especialistas rusos para tareas de carácter militar: atacar buceadores con arpones, arrastrarlos para captura y, según las fuentes citadas, portar minas para detonar contra cascos de buques.
El nombre del instructor aparece en los archivos: Boris Zhurid, ex oficial de submarinos con formación médica, señalado como quien entrenó a cuatro delfines y una beluga en una base naval del Pacífico antes de su traslado a Crimea en 1991. Zhurid explicó en su momento que vendió los animales porque los recortes posteriores al colapso de la URSS hicieron insostenible su mantenimiento; sus palabras, publicadas entonces, apelaban tanto a la pena como a la realidad económica: medicamentos caros, escasez de pescado, y la imposibilidad de sostener el programa.
El relato histórico no pretende ser una prueba de uso actual ni una acusación: documenta antecedentes. Además, la BBC subrayó que Estados Unidos gestiona desde hace décadas su propio programa de mamíferos marinos en San Diego, y que en años recientes han circulado reportes extraoficiales sobre iniciativas similares en otros países, incluida Corea del Norte.
De estos hechos surgen preguntas que no debemos eludir: ¿qué diferencia hay entre la anécdota histórica y la amenaza presente cuando las condiciones estratégicas empujan a buscar herramientas inusuales? ¿Cómo deben responder las democracias ante rumores alimentados por antecedentes verificables, sin caer en la alarma infundada ni en la complacencia? Son interrogantes que exigen transparencia informativa, rigor en las fuentes y prudencia en la valoración militar y pública.
No es momento de mitologías ni de titulares sensacionalistas sin su ancla factual. Es, sí, momento de vigilar, documentar y someter a escrutinio periodístico y diplomático cada afirmación. Porque cuando la historia contiene hechos verificables —ventas, entrenamientos, transferencias— la leyenda se vuelve, a veces, un mapa para entender riesgos reales. Y un Estado responsable no debe temer a la verdad, sino exigirla y explicarla con claridad a su pueblo.
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