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La Feria que resiste: caballos, sevillanas y orgullo popular en Torrevieja

Cuando la tradición manda, la fiesta vuelve a imponerse pese al contratiempo

Redacción Más España

Redacción · Más España

11 de mayo de 2026 2 min de lectura
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La Feria que resiste: caballos, sevillanas y orgullo popular en Torrevieja
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La imagen que cerró la Feria de Mayo en Torrevieja no fue cualquier estampa: fue la de un Real recuperado por su duende. Caballos enjaezados, carruajes engalanados y el compás de sevillanas pusieron el broche a jornadas de encuentro y tradición que, pese a las dificultades, demostraron la fortaleza de lo popular.

No fue un paseo sin obstáculos. El desfile ecuestre hubo de ser suspendido el sábado por la intensa lluvia que obligó a replantear la logística de la feria. Pero la suspensión no fue derrota; fue pausa. Tras la misa flamenca y las circunstancias organizativas que impusieron la suspensión, el esperado paseo pudo celebrarse finalmente en el recinto ferial, y con ello se culminaron días de convivencia y alegría.

Que la participación fuera algo menor no resta valor al espectáculo. Muchos caballistas prefieren el lucimiento por las calles de la ciudad —esa pasarela viva que ensalza a los animales y a sus jinetes— y no sólo el recorrido entre vallas del Real; es una objeción entendible y respetable. Aun así, la belleza no perdió grado: doma, ejercicios vistosos y la pericia de jinetes y amazonas arrancaron ovaciones y admiración, tanto de mayores como de niños.

La Feria demostró que la tradición no se agota en el formato: las casetas recuperaron el calor humano, el rebujito y el fino compartido, las tapas circulando como vieja moneda de socialidad. Las sevillanas siguieron marcando el ritmo; los volantes giraron y las palmas mantuvieron la pulsera emocional que convierte estas jornadas en cita ineludible del calendario torrevejense.

Celebrar no es olvidar los matices: la reducción de participantes invita a reflexionar sobre cómo compatibilizar la espectacularidad urbana con los recintos feriales. Pero, sobre todo, la conclusión es otra y contundente: cuando la tradición encuentra voluntad, hasta la lluvia termina por rendirse. La Feria de Mayo se despidió entre brindis y salero, dejando imágenes que no son mero colorido, sino memoria colectiva hasta el próximo reencuentro.

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