Economía

Suecia apuesta por el lápiz: ¿protección de la alfabetización o zancadilla a su futuro económico?

El giro desde las pantallas hacia libros y papel abre un choque entre educación tradicional y sector tecnológico

Redacción Más España

Redacción · Más España

18 de abril de 2026 3 min de lectura
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Suecia apuesta por el lápiz: ¿protección de la alfabetización o zancadilla a su futuro económico?
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Suecia, hasta hace poco emblemática como sociedad tecnológica, ha decidido dar un paso atrás en las aulas: volver al libro, al bolígrafo y al papel en nombre de la alfabetización. No es una ocurrencia aislada: la coalición de derecha que gobierna desde 2022 impulsa una política clara y rotunda, resumida en el eslogan "från skärm till pärm" —de la pantalla a la carpeta— y con medidas concretas ya en marcha.

La introducción obligatoria de ordenadores en institutos, extendida a finales de los 2000 y principios de los 2010, y la implantación de tabletas en educación infantil en 2019, han sido desandadas: desde 2025 las escuelas infantiles dejarán de estar obligadas a usar herramientas digitales, las tabletas no se entregarán a menores de dos años y se prepara una prohibición de móviles en las aulas que entrará en vigor este año. Además, el Estado ha destinado más de 200 millones de dólares en subvenciones para libros y material docente, y la reforma curricular para reforzar el aprendizaje en base a libros de texto se prevé para 2028.

El argumento oficial es pedagógico y directo: clases sin pantallas mejoran la concentración y las habilidades de lectura y escritura, y pueden revertir el deterioro en las pruebas PISA que Suecia ha sufrido desde 2012. La decisión surge además tras una consulta en 2023 con investigadores, docentes y organismos públicos que detectaron "mayor conciencia" sobre la perturbación digital en las aulas.

No obstante, la medida ha encendido las alarmas fuera del aula. Empresas tecnológicas, educadores e informáticos han expresado inquietud: advierten que reducir la enseñanza digital podría afectar las perspectivas laborales de los alumnos y, por extensión, la economía nacional ligada al emprendimiento tecnológico. La tensión no es retórica: Suecia debe conjugar la mejora de competencias básicas con la realidad de una economía que históricamente ha sabido sacar partido de su capital humano digital.

En el debate asoman también advertencias científicas. Investigadores vinculados al Instituto Karolinska han manifestado preocupaciones sobre la distracción que generan las pantallas y sobre estudios que apuntan a dificultades para procesar textos en dispositivos digitales, además de posibles efectos del uso intensivo de pantallas en el desarrollo cerebral de los más pequeños. Esos argumentos han pesado en la toma de decisiones del Gobierno.

Ante este cruce de evidencias y consecuencias económicas, la pregunta pública es inevitable: ¿es posible recuperar alfabetización y atención sin sacrificar la preparación digital de generaciones que entran al mercado laboral en un mundo tecnológico? ¿Las subvenciones y la nueva escolarización en papel bastarán para compensar la reducción práctica de enseñanza digital en centros que hasta hace poco distribuían portátiles a la mayoría de alumnos?

Suecia ha optado por priorizar una cura pedagógica contra la pérdida de competencias de lectura y cálculo; es una decisión deliberada, con fondos y calendario. Queda por ver si esa apuesta preserva el tejido tecnológico que contribuye al empleo y la competitividad del país, o si, por el contrario, se convertirá en un freno para aquellos sectores que reclaman alumnos habituados a las herramientas digitales. El país no puede permitirse experimentar con su futuro económico sin medir con precisión ambas realidades: la urgente reparación de las bases educativas y la necesidad de mantener una mano firme en la palanca digital que impulsa innovación y empleo.

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