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Sillas vacías: cuando una cerveza y una sudadera naranja desafían la soledad

Una iniciativa surgida del duelo que transforma pubs en refugios para quienes se sienten solos

Redacción Más España

Redacción · Más España

3 de mayo de 2026 2 min de lectura
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Sillas vacías: cuando una cerveza y una sudadera naranja desafían la soledad
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En noviembre de 2025, Dean Perryman perdió a su mejor amigo por suicidio. Lo que vino después no fue solo lamento: fue la necesidad de actuar. «No tenía ni idea de lo triste que estaba», recuerda; y esa ausencia, esa «silla vacía» que imaginaba en cada sitio, se convirtió en motor.

De una sensación íntima brotó un gesto sencillo y directo: reservar mesas en pubs, sentarse vestido con una sudadera naranja llamativa y esperar. Esperar a quien quisiera sentarse, hablar, desahogarse o simplemente tomar una cerveza en compañía. Dean no buscó complejas estructuras; recurrió a lo que mejor sabía hacer: charlar.

Llamó a la iniciativa Empty Chairs (Sillas Vacías) y la lanzó en diciembre, un mes doloroso para muchos pese a sus celebraciones. No se trataba de un experimento académico sino de una presencia humana: sillas alrededor, conversación abierta y reconocible por el color que él llevaba puesto. Y la respuesta fue inmediata: personas que encontraron en ese gesto la posibilidad de confiar, de pedir ayuda o de compartir una noche menos sola.

Uno de los relatos que Dean comparte es el de un hombre de unos 40 años que, tras acudir repetidamente, admitió haber buscado ayuda profesional gracias a lo hablado en Sillas Vacías. Esa anécdota es el espejo de la intención original: ofrecer una vía accesible para quienes no acudirían a un profesional pero sí se abrirían ante un desconocido en un pub.

La iniciativa, pese a nacer sin un plan detallado, se propagó. Desde el Reino Unido llegó a otros países: en Bruselas, Belén Luna Sanz organizó encuentros reproduciendo el distintivo naranja; en Noruega, Thale Kalbakk hizo lo propio en sus inviernos oscuros. Centenares de personas se han inscrito en la página web de Empty Chairs para organizar encuentros en distintos lugares del mundo.

Dean reconoce que la iniciativa le ha servido también a él para procesar el duelo. Le obligó a hablar y le mostró que la gente, a menudo desconocida, puede ser increíblemente solidaria si se le da la oportunidad. Y el dato que subraya la importancia del problema no es menor: la Organización Mundial de la Salud ha señalado que la soledad es una amenaza urgente para la salud.

No hay aquí discursos grandilocuentes ni promesas institucionales; hay un gesto cotidiano que ha encendido una cadena de pequeñas acciones humanas. Una sudadera naranja, sillas vacías y la disposición a escuchar han demostrado que, en contextos diversos y en pleno siglo XXI, la proximidad sencilla puede salvar momentos —y, en algún caso, vidas—. Esa es la lección que dejan las Sillas Vacías: la política más elemental del cuidado comienza cuando alguien se sienta a escuchar.

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