Cataluña

Seguridad vial en manos de la improvisación: dos heridas en Segovia que obligan a reflexionar

Una mujer y una niña heridas tras ser atropelladas por una motocicleta en el dispositivo de la Media Maratón

Redacción Más España

Redacción · Más España

29 de marzo de 2026 2 min de lectura
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Seguridad vial en manos de la improvisación: dos heridas en Segovia que obligan a reflexionar
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Los hechos son nítidos y no admiten adorno: poco antes de las 18:30 horas del sábado, una mujer de 27 años y una niña de alrededor de 4 resultaron heridas tras ser atropelladas por una motocicleta en la carretera de La Granja, a la altura del barrio de Nueva Segovia.

El aviso llegó al Centro Coordinador de Emergencias a las 18:26. Según la información disponible, la mujer cruzó la vía empujando un carrito tras el paso de un vehículo de la Policía Local y no advirtió la llegada de una de las motocicletas que formaban parte del dispositivo de la Media Maratón Ciudad de Segovia. Esa concatenación de circunstancias terminó con dos personas atendidas en el lugar y luego trasladadas al Hospital Universitario de Segovia: la menor en UVI móvil y la joven en ambulancia de soporte vital básico.

Al lugar se desplazaron efectivos de la Policía Local de Segovia, del Cuerpo Nacional de Policía y varios recursos sanitarios de Sacyl. Son precisamente esos actores —organizadores del evento, agentes en la vía y servicios de emergencias— los que deben quedar bajo el foco cuando se analizan accidentes como este. No se trata de buscar culpables a la ligera, sino de exigir claridad en los protocolos: señalización, control de itinerarios, coordinación entre dispositivos y medidas que protejan al peatón más vulnerable, el que empuja un carrito y confía en la presencia policial para cruzar.

La escena es elemental y perturbadora. Un vehículo policial pasa; la peatona interpreta que el paso es seguro; una motocicleta, integrante del propio dispositivo, irrumpe y provoca el siniestro. Si los eventos públicos movilizan recursos que transitan por vías abiertas, la norma debe ser que la seguridad de los ciudadanos esté por encima de cualquier rutograma. Los hechos no permiten otra lectura: dos heridos, recursos de emergencia activados y un hospital que recibe a las víctimas.

Este incidente exige respuestas concretas: revisión de la coordinación en eventos deportivos que usan el viario urbano, protocolos claros para el paso de vehículos oficiales y de apoyo, y campañas de información para vecinos y asistentes. No se pide heroísmo: se pide previsión. Porque la diferencia entre un día conmemorativo y una tarde de dolor a veces se reduce a detalles organizativos que sí podemos corregir.

Que estos datos, simples y duros, sean la base para que las administraciones competentes actúen con la misma diligencia con la que los equipos de emergencia atendieron a las víctimas. La seguridad pública no puede quedar en manos de la improvisación ni transformarse en excusa. Los hechos mandan; la obligación de mejorar, también.

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