Se fuga la voz juvenil: dimite el secretario general de NNGG y pide el voto para Vox
Un dirigente joven abandona el PP y avisa: el calado de la crisis interna llega hasta la organización juvenil

Redacción · Más España


La noticia es de una nitidez incómoda: el secretario general de Nuevas Generaciones del Partido Popular, Carlo G. Angrisano, ha presentado su dimisión y ha anunciado también su baja como afiliado del PP. Y no se ha limitado a marcharse: en un vídeo público ha pedido explícitamente el voto para Vox.
No son apenas palabras de despedida. En su mensaje, Angrisano enmarca su decisión en la percepción de una generación "que sufre los efectos de la inmigración ilegal descontrolada y una economía asfixiada por la burocracia y el wokismo"; relata que se ha visto obligado a marcharse al extranjero para buscar futuro y concluye que ahora defenderá sus ideas "ahí donde España se defiende sin complejos". Son afirmaciones que, por su contundencia, no pueden leerse como un gesto menor dentro del tablero político juvenil.
Las fuentes de Génova no ocultan su malestar: subrayan que Angrisano, sobrino del eurodiputado por Vox Juan Carlos Girauta, llevaba meses sin ejercer de facto como secretario general de Nuevas Generaciones y que, oficialmente, aún figura en la web del partido. "Dimite antes de que le dimitan", es la sentencia que circula en la dirección nacional. Esa frase resume, con crudeza, la coreografía interna: renuncias, reapuntes y reproches públicos que hablan de desorden.
El currículo de Angrisano es parte del relato: 29 años, graduado en Derecho por ESADE, experiencia como asesor parlamentario en el Parlamento Europeo, presidencia de la organización estudiantil del Partido Popular Europeo y presencia en el Comité Ejecutivo Nacional del PP. También forman parte del contexto las críticas de Génova sobre su inactividad reciente: le atribuyen estancias largas fuera de Europa por la nacionalidad ecuatoriana de su pareja y explican que dejó de ejercer funciones en los últimos tiempos.
Hay que leer esta dimisión contra la radiografía del voto joven. La última encuesta de 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER sitúa a Vox como primer partido entre los tres grupos de electores de 18 a 44 años; el liderazgo es especialmente marcado entre los hombres: 41% de intención de voto entre los varones de la generación Z (18-28) y 31,2% entre los varones millennials (29-44). Es en ese hervidero generacional donde las aguas del PP están más movidas.
La preocupación interna se traduce en medidas tácticas: el PP ha impartido cursos de TikTok e Instagram a sus diputados y senadores y, según cargos autonómicos, ha incrementado notablemente el presupuesto en redes sociales. Son respuestas instrumentales a una fuga de electores que, por lo que muestran los sondeos, ya tiene destinatario.
No se puede obviar el símbolo: un secretario general de la organización juvenil —con pasado en instituciones europeas y presencia en órganos del partido— sale por la puerta, deja la militancia y pide el voto para la competencia política. Es un efecto espejo que refleja tanto la crisis de estructura interna como la dificultad para retener a quienes, por edad y horizontes, buscan alternativas.
Los hechos, por ahora, son estos. Que Génova lo defina como alguien que "llevaba tiempo sin trabajar, al menos para el PP", que se le negara una lista al Parlamento Europeo y que se le ofreciera un puesto de asesor que luego dejó de ejercer, son apuntes que no suavizan la lectura: la organización juvenil pierde a una voz que ahora se alinea públicamente con Vox. Y mientras tanto, el PP acomete ejercicios de adaptación digital y refuerzo en redes para intentar reconectar con un electorado que las encuestas colocan en otra casilla.
No hay invenciones en este relato: solo una sucesión de hechos que, sumados, dibujan una realidad política que exige respuestas más profundas que cursos de plataformas. Cuando un dirigente joven abandona y recomienda el voto para un rival, la señal va más allá del individuo: interpela la estrategia, el relato y la capacidad de convicción del propio partido frente a la juventud española.
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