Sánchez respira a trompicones: decreto anticrisis aprobado a empujones
Apoyo de Junts, abstención del PP y Podemos; Vox, en contra; la vivienda, pendiente de caducar

Redacción · Más España


El Congreso ha convalidado hoy el decreto con medidas económicas para amortiguar la crisis provocada por la guerra en Oriente Medio. No fue una victoria rotunda: fue una operación de supervivencia política. El Gobierno necesitaba sumar, pactar y coser, y lo ha logrado —con signos de fatiga— gracias al voto afirmativo de Junts y a la abstención de partidos que, con matices distintos, califican el texto de insuficiente.
Así se hace la política cuando no hay mayoría clara: se recogen propuestas, se mezclan recetas y se vende como remedio común. Félix Bolaños pidió a todos los grupos que aportaran ideas, incluso a Vox, y el Ejecutivo fue reconstruyendo el texto a golpe de aportación ajena. El resultado es un decreto que, como reconoce la propia calle parlamentaria, “no contenta a nadie” en su integridad, pero que suma apoyos suficientes para seguir vivo.
La foto más elocuente es la de Junts como chaleco salvavidas. El partido de Carles Puigdemont anunció su voto favorable tras el compromiso del Gobierno de trasponer una directiva europea que exime del IVA a autónomos que facturen menos de 80.000 euros. Un gesto que llega tarde —la directiva debía aplicarse desde el 1 de enero y el Congreso ya pidió su trasposición en octubre—, pero que resultó determinante para desmontar la influencia que podía tener la posición del PP.
Podemos, por su parte, optó por la abstención al considerar que el decreto no contiene un tope a los precios para evitar que grandes empresas se beneficien de los recursos movilizados. El razonamiento es distinto al del PP, que también se abstuvo porque el texto carece de rebajas del IRPF y, en su opinión, no alivia por completo la presión sobre hogares que no usan vehículo pero sufren la carestía de la cesta de la compra.
Vox fue el único partido que votó en contra. Y por si faltara dramatismo, Coalición Canaria y el BNG estuvieron a punto de convertir este trámite en un sobresalto: si hubieran votado con el PP en contra, el decreto habría decaído. Fueron las negociaciones de última hora con esos socios, pequeños pero decisivos, las que sellaron la aprobación.
El segundo decreto, el de vivienda, queda en dudas y probablemente será el que pierda la votación. El Ejecutivo sale hoy con un alivio leve, no con una consolidación: ha demostrado que puede coser mayorías circunstanciales, pero también que gobierna a tirones, dependiendo de concesiones puntuales y de maniobras parlamentarias de urgencia.
Si la política es el arte de lo posible, lo que hemos visto es el arte de lo necesario. Un Gobierno que consigue aprobar medidas esenciales tras barajar propuestas ajenas y prometer trasposiciones pendientes. Una oposición que se abstiene por insuficiencias y evita romper la baraja. Y unos socios que, cuando son imprescindibles, dictan el destino de una iniciativa. La gobernabilidad española, un día más, se hace a empujones.
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