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Sánchez busca en Irak el voto joven: pedagogía o cálculo electoral

El presidente resucita el 'No a la guerra' para disputar a Vox a los menores de 30 años

Redacción Más España

Redacción · Más España

26 de marzo de 2026 2 min de lectura
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Sánchez busca en Irak el voto joven: pedagogía o cálculo electoral
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Hay gestos que no son mera retórica: son maniobras de cubierta, movimientos calculados para imponer un relato en el tablero político. Pedro Sánchez, en el pleno sobre la guerra en Oriente Próximo, tiró de recuerdo histórico —la guerra de Irak— y lo convirtió en proyectil contra el adversario. No fue una invocación académica: fue una consigna política dirigida a una generación que hace eco en las calles.

Apelar a la guerra de 2003 —aquel episodio que, como dijo el propio presidente, "arrasó con todo" por razones políticas— no es neutral. Es memoria instrumentalizada con intención de pedagógica movilización: "Es importante recordar, no olvidar para no cometer los errores que se cometieron en el pasado", dicen fuentes del Ejecutivo. Esa pedagogía tiene destinatario y objetivo: los menores de 30 años, ese colectivo que en España suma, según el Instituto de la Juventud con datos de 2025, 6.586.381 jóvenes de 15 a 30 años (8 millones incluyendo extranjeros) y que presenta tasas de participación y movilización significativas —80,7% en las últimas elecciones generales y 37,8% que ha participado en manifestaciones.

No es casualidad que Moncloa se empeñe en traer a la memoria aquella movilización juvenil de febrero de 2003 y el grito masivo del "No a la guerra". Se trata de reactivar un factor movilizador: la historicidad como herramienta electoral. El Ejecutivo explica su posición sobre el uso de bases militares en suelo español y la oposición a acciones militares unilaterales apelando a la lección de Irak. Y lo hace en un contexto donde el voto joven es campo de batalla: el último CIS sitúa al PSOE con un 29,7% y a Vox con un 30,8% entre jóvenes de 18 a 34 años.

La realidad es diáfana y no admite florituras: hay una disputa directa por un electorado que se informa y actúa en redes como TikTok, que responde a narrativas morales y que ha mostrado capacidad de movilización. Moncloa combina la memoria histórica con políticas concretas —menciona el artículo inversiones en becas por 2.559 millones, y la visibilidad en plataformas juveniles— para intentar consolidar ese vínculo generacional. Es una estrategia que mezcla pedagogía cívica y cálculo electoral.

Queda la cuestión esencial: ¿es recordar para educar o recordar para capturar votos? La respuesta, por ahora, la dictarán los propios jóvenes en las urnas y en la calle. Pero es innegable que la evocación de Irak ha pasado de ser memoria a arma política en una pugna que no es solo de ideas sino de futuro electoral. Y en esa pugna, la narrativa que mejor conecte con la experiencia y la sensibilidad de los menores de 30 será la que marque la agenda del próximo ciclo político.

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