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Red de depredadores: cómo agencias de modelos facilitaron el acceso de Epstein a adolescentes latinoamericanas

Documentos y testimonios revelan el papel activo de agencias vinculadas a Jean‑Luc Brunel en el reclutamiento y gestión de visas

Redacción Más España

Redacción · Más España

20 de marzo de 2026 3 min de lectura
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Red de depredadores: cómo agencias de modelos facilitaron el acceso de Epstein a adolescentes latinoamericanas
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La historia que emerge de la investigación de BBC News Brasil no es un accidente ni una serie de pasos en falso: es la cartografía de una red que, con apariencias de oportunidad, produjo víctimas.

En el centro de ese mapa aparece Jean‑Luc Brunel, agente de modelos francés vinculado a agencias que, según denuncias y documentos revisados por la BBC, buscaba de forma activa jóvenes y niñas en Sudamérica. Brunel —quien luego se suicidó en prisión, acusado de violación, agresión sexual y de reclutar chicas para Jeffrey Epstein— no fue un personaje aislado sino un eslabón funcional entre talentos explotados y el poder de Epstein.

Los testimonios son nítidos y punzantes. Gláucia Fekete, reclutada a los 16, recuerda el viaje a un concurso en Guayaquil que culminó con la oferta de Brunel de llevarla a Nueva York “para participar en espectáculos”, con todos los gastos pagados. Su madre dijo no; su negativa pudo salvarla. Otra mujer, que identifica vínculos directos entre Brunel y la obtención de su visa estadounidense, afirma que la gestión se hizo para que pudiera visitar a Epstein, aun cuando nunca trabajó como modelo para esa agencia.

Hay más: archivos del gobierno de Estados Unidos muestran que Epstein estuvo en Guayaquil los días 24 y 25 de agosto de 2004, coincidiendo con la final del concurso Modelos Nueva Generación. Los registros también apuntan a que al menos una modelo menor de 16 años que asistió al evento voló en el avión de Epstein al menos dos veces ese mismo año. Son datos documentales que enlazan lugares, fechas y movimientos con testimonios que describen patrones de captación y control.

El caso de “Ana”, narrado a la BBC, ilustra cómo la presunta industria del modelaje se volvió anzuelo: promesas en São Paulo, documentos retenidos, deudas inventadas y la sensación —en sus palabras— de no haber sido otra cosa que explotada. “Sin darme cuenta, me estaba prostituyendo”, dice. Y uno de los clientes identificados por ella fue Jeffrey Epstein. Es la confesión de quien vio transformarse una vía de oportunidad en un canal de abuso.

No es menor que las jóvenes más vulnerables, procedentes de Brasil y de países de Europa del Este según testigos, aparecieran como objetivo preferente. Los relatos describen un control de finanzas, una selección meticulosa y la presencia constante de un intermediario que sabía a quién escoger. Esa selectividad revela un diseño, no un hecho fortuito.

Las piezas del rompecabezas—documentos de visados, registros de vuelos y declaraciones de las afectadas—construyen una acusación silenciosa: agencias y agentes actuaron como facilitadores del acceso de Epstein a mujeres y niñas latinoamericanas. Que Brunel terminara acusado y luego muerto en prisión no borra las huellas que quedan en expedientes y en la vida de quienes fueron reclutadas.

Exigir respuestas y responsabilidad no es un acto de revancha; es una obligación con la verdad y con las víctimas. Las pruebas recopiladas por la BBC deben servir para iluminar hasta qué punto estructuras privadas de supuesta representación pueden operar como redes de explotación. Mientras tanto, las mujeres que contaron sus historias piden, en lo concreto y en lo elemental, reconocimiento y justicia. Todo lo demás es rendir homenaje al silencio que permitió que esto ocurriera.

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