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Que hablen de Andalucía: la advertencia de Page a Ferraz y a la política nacional

El presidente de Castilla‑La Mancha reclama campañas locales y evita que la crispación nacional castigue al PSOE andaluz

Redacción Más España

Redacción · Más España

25 de marzo de 2026 3 min de lectura
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Que hablen de Andalucía: la advertencia de Page a Ferraz y a la política nacional
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Emiliano García‑Page no ha pronunciado un lamento indiferente: ha lanzado una advertencia directa y medida. Desde su condición de único presidente autonómico socialista con mayoría absoluta, el dirigente regional ha dicho lo esencial: «cuanto menos pese la política nacional» en las elecciones andaluzas, «mejor le irá al PSOE». No es cinismo; es diagnóstico político. Y el diagnóstico, cuando procede de quien gobierna con confianza, obliga a escuchar.

Page ha señalado con crudeza un fenómeno visible y peligroso: «la alta concentración de rechazo al Gobierno», parece no poder ser descargada sobre candidatos locales ni regionales. Es una constatación simple y rotunda: los ciudadanos separan, con frecuencia, la política nacional de la gestión autonómica. Confundir ambas cosas, o forzar su trasvase, supone hipotecar candidaturas que tienen recorrido propio y raíces territoriales.

Por eso ha reclamado que las campañas se centren en lo local: «lo que se merecen los andaluces es que se hable de Andalucía, de los problemas concretos de Andalucía». Y ha echado mano a un ejemplo reciente y cercano: Castilla y León, donde, dijo, la campaña fue «más concreta, más localizada, más pegada al territorio». El mensaje es claro: la política de trinchera del «interior de la M‑30» no siempre ayuda fuera del anillo urbano del parlamento.

En esta apelación a la sensatez, Page defiende a la candidata del PSOE en Andalucía, María Jesús Montero. Recordó su experiencia —fue consejera en la comunidad y ejerció ocho años como ministra de Hacienda— y reivindicó su talante: «es peleona, inquieta, no se para» y «va a hacer una campaña muy dinámica». Defensa fundada en hechos: experiencia y proyección política para disputar la cita electoral del 17 de mayo.

No rehúye Page temas incómodos. Sobre la próxima declaración como testigo de María Dolores de Cospedal en el juicio del caso Kitchen, fijada para el 23 de abril, el presidente regional reclamó que «se aclaren las circunstancias judicialmente». Sin renunciar a la prudencia personal —«en lo personal no le puedo desear nada mal a nadie»—, sostuvo que muchos en España sienten que «hay cosas que no se han investigado como debieran». Y añadió una observación concreta sobre la instrucción: recordó que el «número dos» del comisario Villarejo, al que se le piden 15 años de prisión, «compartía despacho con Cospedal» —una afirmación que lanzó como señal de que «cualquier cosa es posible» en la búsqueda de claridad judicial.

Hay, en el discurso de Page, dos líneas maestras: defensa del ámbito territorial frente a la contaminación nacional y exigencia de que la justicia aclare hechos relevantes. Es un mensaje doblemente político: por un lado, pide a su partido —y a la política en general— que permita a los andaluces decidir sobre lo suyo; por otro, insta a que el esclarecimiento de circunstancias judiciales no quede en aire de sospecha.

La política tiene una rutina de ruido y frentismo que, por lo que dijo Page, alimenta el desencuentro y perjudica campañas locales. Su receta no es una doctrina etérea: es priorizar lo concreto, hablar de problemas tangibles y dejar que las candidaturas compitan por su propio programa. Si se le escucha, podría ser la diferencia entre una campaña contaminada por el rechazo al Gobierno y una campaña centrada en lo que de verdad decidirán los andaluces el 17 de mayo.

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