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Puentes abiertos en silencio: Bolaños y Gamarra pactan la reforma que da un senador a Formentera

Un pequeño signo ortográfico que abre una ventana a la centralidad y a la política útil

Redacción Más España

Redacción · Más España

1 de abril de 2026 3 min de lectura
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Puentes abiertos en silencio: Bolaños y Gamarra pactan la reforma que da un senador a Formentera
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Se trataba, en apariencia, de un detalle de puntuación: cambiar un guion por una coma en el artículo 69.3 de la Constitución. Pero en política, como en cirugía, la intervención mínima puede tener alcance decisivo.

La reforma aprobada —la cuarta en 47 años y medio de vigencia de la Carta Magna— separa en el texto constitucional ‘‘Ibiza-Formentera’’ por ‘‘Ibiza, Formentera’’. Significa un senador para cada isla. No hay hipérbole en eso: es un cambio puntual que materializa un derecho que Formentera adquirió de hecho cuando obtuvo su Consejo Insular en 2007, pero que ha necesitado 19 años para refrendarse en la letra magna.

Y detrás de la coma hay política: el ministro Félix Bolaños y la vicesecretaria del PP, Cuca Gamarra, negociaron los pormenores técnicos. Así lo confirman fuentes socialistas y populares. Concertaron disposiciones transitorias y una disposición final; acordaron además el trámite que permitiera compatibilizar sensibilidades territoriales y lingüísticas en el texto. El PSOE, por su parte, aceptó abstenerse para facilitar que la enmienda del PP impidiera que Ibiza pasara a figurar como ‘‘Eivissa’’ en la versión oficial en castellano.

Que el entendimiento fuera técnico, según fuentes de Génova, no lo minimiza: evidencia que no todos los canales están rotos. En medio del choque dialéctico, existen tácticas de discreción y voluntad de Estado que permiten acuerdos puntuales, incluso si se producen en trabajos de “cirugía fina”. Los socialistas consultados lo resumieron sin florituras: con voluntad y sin hacer ruido, nos podemos entender.

No es la primera sintonía entre Bolaños y Gamarra, ni la única comunicación entre Gobierno y oposición: se cita, asimismo, la llamada del ministro a Ester Muñoz para sondear apoyos al decreto de rebajas fiscales relacionado con la guerra en Irán. Sin embargo, el relato general no es de plena normalidad: la relación entre PSOE y PP es —según las mismas fuentes— mucho más escasa que los cauces tradicionales del bipartidismo.

La derecha dura ha tomado nota: Vox fue el único grupo que votó en contra de la modificación y no ha cesado en su denuncia de que PP y PSOE ‘‘son lo mismo’’. Santiago Abascal ha pintado la abstención del PP como traición y estafa. Pero los hechos hablan: acuerdos puntuales se han producido, y se producen, cuando lo exige la conveniencia institucional o territorial.

Queda, no obstante, una fractura relevante en el terreno de la política exterior y la confianza entre líderes: Pedro Sánchez no ha llamado a Alberto Núñez Feijóo para comunicar la política exterior, ni sobre el cierre del espacio aéreo ni sobre el uso de bases como Morón y Rota; el último contacto conocido entre ambos data del 13 de marzo de 2025. Es un dato que interpela: la política de Estado necesita cauces de comunicación que trasciendan la bronca parlamentaria.

La lección es doble y clara: la Constitución se modifica con minucia técnica y, a la vez, con responsabilidad política. Cambios aparentemente menores pueden reparar omisiones históricas —en este caso, el reconocimiento efectivo de Formentera— y, además, sirven como termómetro de la capacidad real de acuerdo entre fuerzas centrales. Si se quiere, la coma que separa a Ibiza y Formentera puede leerse como un llamado a recuperar, con prudencia y patriotismo, los mecanismos de diálogo que la democracia reclama.

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