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Perú encrucijada: Fujimori y Sánchez rumbo al balotaje

La segunda vuelta enfrentará al fujimorismo con el heredero político de Pedro Castillo

Redacción Más España

Redacción · Más España

11 de mayo de 2026 3 min de lectura
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Perú encrucijada: Fujimori y Sánchez rumbo al balotaje
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La política peruana vuelve a citarse con la incertidumbre. Tras un recuento que se prolongó por casi un mes y con el 99,63% de los votos escrutados, Keiko Fujimori, con algo más del 17% de apoyo, y Roberto Sánchez, con alrededor del 12%, se perfilaron como los dos nombres que llevarán la disputa presidencial al balotaje del 7 de junio.

No es un resultado aislado: es la fotografía de una fragmentación profunda. Más de 30 candidaturas en liza y ningún aspirante que supere el 20% dibujan un tablero partido, donde la gobernabilidad se ofrece en cuotas y acuerdos provisionales. La jornada del 12 de abril, además, dejó muestra palpable de la debilidad logística del sistema: retrasos en la instalación de mesas y votaciones extendidas a la jornada siguiente en varios centros.

Que Rafael López Aliaga quedara fuera por un margen ajustado, con el 11,9%, y que la ventaja de Sánchez sobre él supere los 14.000 votos no cambia la esencia del diagnóstico: la nación peruana entrega su destino a una segunda vuelta marcada por la incertidumbre y la volatilidad.

El próximo presidente —sea Fujimori o Sánchez— asumirá un país golpeado por la erosión de la confianza en las instituciones. Nueve presidentes en diez años no son cifras neutras; son síntomas de una crisis política crónica. A esa inestabilidad se suma la inseguridad ciudadana: el aumento del crimen organizado, la extorsión y la violencia urbana insisten como retos centrales que exigen respuestas claras.

El marco institucional tampoco ofrece alivio. La reforma constitucional de 2024 devolvió la bicameralidad al Congreso y dejó intacta la figura de la vacancia presidencial, un mecanismo que puede volver a tensionar la gobernabilidad si se reúnen los apoyos necesarios para usarlo.

Keiko Fujimori llega a esta segunda vuelta con una hoja de ruta conocida: persistencia y apelación al legado familiar. Tras tres derrotas previas, la líder de Fuerza Popular vuelve a la pelea y lo hace después de que el Tribunal Constitucional archivara su caso por lavado de activos, lo que le permitió ser nuevamente candidata. Su estrategia electoral ha buscado asociarse al lema del “vuelve el orden”, capitalizando la memoria entre quienes valoran el periodo de su padre, Alberto Fujimori, fallecido en 2024 tras haber cumplido una condena de alrededor de 16 años por crímenes de lesa humanidad.

Roberto Sánchez, presentado en los análisis como heredero político de Pedro Castillo, compone la otra alternativa que disputa el futuro del país. Su pase a la segunda vuelta, aun cuando se dirime por miles de papeletas que restan por contar y a la espera de la proclamación oficial del Jurado Nacional de Elecciones, remata un panorama en el que la polarización y la fragmentación han sido la constante.

Perú entra ahora en semanas decisivas. La campaña del balotaje no se desarrollará en el vacío; lo hará sobre una base de desconfianza institucional, amenazas a la seguridad cotidiana y un Congreso cuya configuración y poderes anticipan tensiones. La responsabilidad que se cierne sobre ambos candidatos es, por tanto, monumental: gobernar un país que exige, con urgencia, estabilidad, seguridad y reafirmación democrática.

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