Ortega Smith desafía a Abascal: no se rendirá y promete pasar al Grupo Mixto si le echan
El histórico dirigente de Vox denuncia filtraciones, recurre la expulsión y amenaza con replicar la jugada de Ábalos

Redacción · Más España


La escena se repite con un dramatismo que roza la liturgia interna: un ex hombre de confianza, apartado por la dirección, amenaza con convertir su caída en efecto boomerang. Javier Ortega Smith, cofundador de Vox y hasta hace poco mano derecha de Santiago Abascal, ha decidido plantar batalla pública contra la cúpula que le ha ido despojando de cargos.
No habla en abstracto. Ha denunciado ante la Agencia Española de Protección de Datos la filtración de su expediente de expulsión, atribuyendo la responsabilidad al Comité Ejecutivo Nacional y al Comité de Garantías del partido. Reclama vulneración de la confidencialidad; exige que se investigue el manejo de su documentación personal.
Y no se queda ahí: Ortega Smith ha anunciado que agotará las vías internas —recurso de reposición ante el Comité de Garantías y recurso ante el CEN— y no duda en advertir que, si no obtiene justicia en esos foros que él mismo califica como “juez y parte”, acudirá a los tribunales.
El núcleo del conflicto no es nuevo. A lo largo de los últimos meses, la dirección de Vox fue apartando progresivamente a Ortega Smith de responsabilidades —desde la portavocía adjunta en el Congreso hasta la portavocía en el Ayuntamiento de Madrid— mientras nuevos perfiles adquirían protagonismo. La tensión estalló con fuerza en febrero, cuando Abascal le expulsó de la portavocía municipal y Ortega Smith se negó a acatar la decisión, disparando la apertura de un expediente que desembocó en la expulsión efectiva la semana pasada.
Ante esa expulsión, Ortega Smith mantiene una firme negativa a abandonar cargos: ni dejará el Ayuntamiento ni se marchará del grupo parlamentario de Vox en el Congreso. "Yo soy diputado nacional del grupo parlamentario de Vox, que es por lo que me eligieron en unas listas electorales los españoles", ha subrayado, reivindicando su mandato y su vinculación con los electores.
Y como quien anuncia una réplica calculada, ha advertido que si la expulsión se materializa de forma "injusta y arbitraria" no dudará en pasarse al Grupo Mixto, emulando la jugada que protagonizó José Luis Ábalos tras su salida del PSOE. Es un aviso claro: no acepta una salida limpia y está dispuesto a convertir su expulsión en objeto de contienda política y judicial.
En su denuncia pública denuncia también un agravio procesal: habla de un procedimiento "absolutamente arbitrario, carente de cualquier garantía" y de una posible vulneración de derechos fundamentales de un representante público. La afirmación, expresada con la contundencia del que se siente acorralado, es a la vez defensa personal y desafío contra quien fuera su antiguo aliado.
Lo que tenemos ante nosotros es, más allá de una disputa interna, la imagen de una formación en la que las purgas, los cambios de influencia y las filtraciones alimentan una guerra de sumas y restas: cargos contra lealtades, disciplina contra prerrogativas de los electos. Ortega Smith ha decidido no desaparecer en silencio. Ha abierto la vía judicial y amenaza con reproducir una táctica parlamentaria que, de concretarse, obligará a Vox y al propio Abascal a medirse en sede pública y jurídica. La cuenta atrás para esa batalla ya ha comenzado.
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