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Oro Negro y sombras: la encrucijada valenciana en la guerra del petróleo

Un recurso finito que condiciona la geopolítica y despierta viejas preguntas en la Comunitat

Redacción Más España

Redacción · Más España

17 de abril de 2026 3 min de lectura
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Oro Negro y sombras: la encrucijada valenciana en la guerra del petróleo
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El petróleo no es sólo un hidrocarburo: es una brújula que orienta alianzas y conflictos. Lo vimos en el reciente cierre del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del crudo mundial, cuando la crisis derivada de los ataques en Irán reavivó la fragilidad de un orden energético global dependiente y volátil.

Esa fragilidad tiene eco en casa. En Torrevieja, una perforación en 1936, buscando agua en el parque doña Sinforosa, halló petróleo a unos 600 metros de profundidad; la Guerra Civil dejó en suspenso cualquier proyecto de explotación. No es anécdota local: entre los años 50 y 60 se hicieron doce sondeos terrestres en la Comunitat Valenciana —seis en la Vega Baja— sin resultados significativos. Historias de lo que pudo haber sido y no fue.

La fiebre del “oro negro” en el Mediterráneo presentó promesas y advertencias. El gran hallazgo de Amposta en 1970, descubierto por SHELL, abrió una etapa de extracción que ha dejado alrededor de 258 millones de barriles en aguas españolas. Pero el Mediterráneo también ha sido escenario de polémicas: permisos desde 2010 a empresas como Cairn Energy, a través de Capricorn Spain, encendieron el debate social y ambiental sobre explorar en un entorno de alto valor ecológico.

Frente a Torrevieja, el sondeo marino C1 de 1978, que supuestamente alcanzó 2.500 metros, alimentó rumores sobre indicios prometedores. La empresa estatal encargada nunca confirmó hallazgos y ese silencio oficial sigue pesando décadas después, como un expediente abierto que obliga a preguntar qué quedó en las profundidades.

El Proyecto Castor fue la traducción más nítida de los límites técnicos y sociales de buscar autosuficiencia. Concebido como almacén submarino de gas en antiguos yacimientos frente a Castellón y Tarragona, con capacidad para 1.900 millones de metros cúbicos —unos 50 días de consumo nacional—, quedó paralizado en 2013 tras cientos de movimientos sísmicos vinculados a la inyección de gas y fue sellado definitivamente en 2019. Lección técnica, económica y ambiental estampada en la geografía española.

La radiografía del consumo deja claro el desafío: España importa la totalidad de las casi 60 millones de toneladas de petróleo que consume al año desde países tan diversos como Arabia Saudí, Nigeria, México o Rusia. Esa dependencia externa coloca al país en situación de vulnerabilidad frente a crisis internacionales y decisiones geopolíticas ajenas.

Europa avanza en renovables, pero la transición no es un camino exento de sombras: retos técnicos, económicos y de almacenamiento mantienen abiertas dudas sobre si es posible sustituir por completo los combustibles fósiles en el corto plazo. A ello se suma una decisión legislativa clara: desde mayo de 2021 la legislación española prohíbe nuevas prospecciones petrolíferas, lo que cierra una puerta pero no apaga la pregunta sobre si merece la pena volver a investigar el subsuelo valenciano o apostar sin ambages por energías limpias.

El reportaje de Zoom en À Punt no trae respuestas definitivas; trae memoria, datos y preguntas que reclaman debate. No podemos resignarnos a ser espectadores de una geopolítica que nos condiciona. La Comunitat Valenciana guarda hallazgos, silencios y lecciones: corresponde a la sociedad y a sus responsables convertir ese legado en política coherente, segura y sostenible, sin caer en la ingenuidad ni en la nostalgia de promesas pasadas.

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