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Orgullo productivo: cuando el 'made in' vuelve a casa

Gonter y la apuesta por la cadena productiva nacional desde Sax y Ubrique

Redacción Más España

Redacción · Más España

20 de abril de 2026 2 min de lectura
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Orgullo productivo: cuando el 'made in' vuelve a casa
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Hay empresas que no sólo venden un producto: restituyen una narrativa. Gonter, la firma de bolsos nacida de la inquietud y la formación en Diseño de Moda de Cristina González, es una de esas iniciativas que devuelven al territorio parte de su dignidad productiva. No se trata de una pose, sino de una decisión empresarial concreta: diseñar aquí, seleccionar pieles en Ubrique y ensamblar en talleres de Sax.

En un sector marcado por la externalización y la producción en cadena, Gonter elige la escala limitada, la confección manual y la trazabilidad. La colección "Cé", con tres modelos —bandoleras rectangulares y cierres con solapa imantada— se presenta en ediciones limitadas y en materiales que hablan de oficio: serraje en tonos tierra y piel en negro, verde y rojo. Son piezas concebidas para perdurar, curtidas y cosidas con hilos específicos de marroquinería.

No es casualidad la presencia de Ubrique y Sax en este relato: Ubrique aporta el cuero tratado en un enclave histórico del curtido; Sax, la experiencia y la infraestructura artesanal para convertir materia prima en objeto. Así se articula una cadena productiva nacional que evita la fábrica anónima y recupera la intervención directa del artesano: cada bolso, confeccionado de forma individual, conserva la huella del taller.

La marca se lanza con precios que sitúan sus piezas entre 355 y 395 euros, un posicionamiento coherente con una oferta no serial y con distribución controlada. Más allá del precio, lo relevante es la apuesta estratégica: consolidar una red de proveedores y talleres en España, coordinar diseño y producción y reivindicar la proximidad geográfica como valor añadido.

Este proyecto nace además de un arraigo personal: la fundadora es de Xaló, la colección remite a códigos postales que trazan su recorrido vital —Xaló, Madrid y Málaga— y la producción recupera el pulso de municipios con tradición en marroquinería. No es un capricho nostálgico; es una propuesta económica que aprovecha conocimientos técnicos aún vivos en la provincia de Alicante.

Si algo exige el presente es pasar de la retórica del apoyo al 'made in' a decisiones que sostengan empleo cualificado y saberes locales. Iniciativas como Gonter demuestran que es posible diseñar y producir en España sin renunciar a calidad ni a identidad. Queda, claro, consolidar la red productiva y ampliar la presencia comercial, pero el primer paso está dado: devolver al territorio la capacidad de transformar materias primas en valor.

Que estas historias prosperen depende, en buena medida, de que el mercado y la propia administración reconozcan que la proximidad y la artesanía no son costes a minimizar, sino activos estratégicos a proteger.

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