Cultura

Ocho años de espera: la educación pública de San Vicente exige respuestas ya

Docentes, familias y alumnado toman la calle frente al solar del sexto instituto para denunciar la saturación y reclamar inversión

Redacción Más España

Redacción · Más España

15 de mayo de 2026 2 min de lectura
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Ocho años de espera: la educación pública de San Vicente exige respuestas ya
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Ocho años esperando un instituto es una condena a la providencia: una promesa administrativa que se ha vuelto agravio para miles de alumnos y docentes de San Vicente del Raspeig. Frente al solar donde debía alzarse el sexto instituto, la comunidad educativa se dio cita para verbalizar lo que ya no cabe en los pasillos: la urgencia.

Docentes, familias, alumnado y sindicatos no ocuparon la plaza por capricho. Lo hicieron porque la realidad escolar se ha vuelto estrecha y áspera. El profesor Ximo Nebot, del IES Gaia, lo dejó claro: la falta del nuevo centro provoca "saturación en las aulas, pasillos, patios, lavabos y espacios comunes" y entorpece el normal desarrollo de la actividad educativa. No son metáforas: son condiciones que merman la dignidad del aprendizaje.

La protesta, organizada por la Plataforma Sant Vicent amb l’Educació y la Asamblea de Docentes de San Vicente, forma parte de una semana de movilizaciones en defensa de la educación pública. Sus demandas no son retóricas: piden la construcción inmediata del instituto, mayor inversión en infraestructuras, mejor planificación y más recursos para Infantil, Primaria y Secundaria.

Entre las reivindicaciones figuran también reivindicaciones pedagógicas esenciales: reducción de ratios y aumento de personal docente y especializado para atender la diversidad. No es una petición ideológica: es una necesidad práctica para que cada alumno reciba la atención que merece y para que los centros no se conviertan en gimnasios de improvisación.

Las AMPAS, aprovechando la movilización, recopilaron firmas para solicitar a la Conselleria un plan de adecuación climática de los centros educativos. Es una exigencia de sentido común: las infraestructuras escolares deben servir para educar, no para padecer las inclemencias ni la obsolescencia.

Además, las docentes Ana Labrador y Anabel García pusieron voz a otro flanco del problema: las condiciones laborales del profesorado. Hablaron de pérdida de poder adquisitivo, precariedad y sobrecarga laboral que conducen a la desmotivación. Es imposible sostener una escuela pública de calidad si quienes la sostienen se encuentran agotados y mal pagados.

La jornada concluyó con una marcha hasta el IES María Blasco y actividades en defensa de la educación pública, una imagen que resume el mensaje: no hay educación de calidad sin infraestructuras adecuadas y sin profesorado en condiciones dignas. La cuenta atrás de ocho años no admite más aplazamientos; la comunidad educativa reclama soluciones concretas y urgentes, y su clamor merece respuesta por parte de la administración.

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