No necesitamos otro salvador: la política convertida en bandera
El 'No a la guerra 2026' de Sánchez, según El Mundo, funciona más como coartada que como programa

Redacción · Más España


Algo no necesitaba el mundo era otro salvador. Así lo retrata El Mundo al describir la nueva retórica de Pedro Sánchez: no un eslogan para convocar a las urnas, sino la excusa para seguir sin convocarlas.
La crónica del 9 de marzo de 2026 subraya que Sánchez no va a adelantar las elecciones y que la novedad es narrativa: un perfil de superhéroe progresista frente a enemigos identificados —desde líderes extranjeros hasta oligarcas tecnológicos— que permite al Gobierno presentarse como imprescindible. Este relato, sostiene la pieza, sustituye a la urgencia de cuestiones domésticas como la falta de Presupuestos o los procesos judiciales abiertos contra colaboradores próximos.
El periódico describe cómo decisiones en política exterior —la negativa a aumentar el gasto militar, posturas en la OTAN, críticas a Israel por la guerra de Gaza, tuits contra Elon Musk y una política migratoria abierta— han sido hilvanadas hasta confluir en el lema "No a la guerra 2026". No es, dice la crónica, un grito para ir a elecciones: es un paraguas bajo el cual ganar tiempo político.
El Mundo añade que ese tiempo permitirá al Gobierno explotar las consecuencias del conflicto en Oriente Medio, dar margen para reorganizaciones internas —como la que llama "neo-Sumar"— y ofrecer a la oposición oportunidades para profundizar la parálisis autonómica. En suma, una estrategia que prima la conveniencia del Ejecutivo sobre lo que sería mejor para España.
También se advierte del riesgo externo: la exhibición de críticas a Estados Unidos podría colapsar una relación que, recuerda el artículo, fue decisiva para la modernización y el desarrollo de España y que hoy permite el uso de bases y garantiza la seguridad. El diario plantea que, frente al jolgorio antiamericano, cuesta valorar la importancia de la alianza con Washington y exige explicaciones sobre alternativas.
Finalmente, El Mundo denuncia la transformación del Palacio de la Moncloa en una oficina del partido y la instrumentalización de la política exterior como herramienta electoral. Según la pieza, cuando España tiene influencia real se aplica la realpolitik, y cuando no la tiene se exhiben "altas preocupaciones morales"; los derechos de actores como los saharauis o venezolanos quedan relegados donde hay interés limitado.
La lectura es tajante: lo que se presenta como liderazgo global es, para el diario, una estrategia que disfraza la voluntad de prolongar el tiempo en el poder. No es una invención: es la interpretación que El Mundo ofrece de los actos y palabras del presidente y de su Ejecutivo en los días recientes.
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