No habrá atajos: el PSOE andaluz zanja cualquier puente al PP para frenar a Vox
María Jesús Montero cierra la puerta a la abstención que permitiría a Moreno gobernar sin depender de Vox

Redacción · Más España


La política no es un ejercicio de filigranas ni de brindis al sol. La secretaria general del PSOE andaluz, María Jesús Montero, ha decidido desde la misma noche electoral no transitar por la senda que ha intentado explorar en Extremadura Álvaro Sánchez Cotrina. No hay oferta, ni conversación tácita: la respuesta del socialismo andaluz ante la posibilidad de abstenerse para facilitar la investidura de Juanma Moreno ha sido, en las últimas tres semanas, una y otra vez, la misma: «No está sobre la mesa».
No es un matiz retórico. Es una decisión política tomada y repetida por los portavoces del PSOE andaluz —repiten que no existe posibilidad alguna de negociar un apoyo a la investidura del candidato popular— aun cuando los propios dirigentes se quejen de no haber recibido siquiera una llamada del presidente en funciones para explorar vías de diálogo. La llamada que esperaban, al parecer, habría sido inútil: la negativa ya estaba preparada para ser colocada con firmeza en la mesa.
Los números del Parlamento andaluz hablan claro: Juanma Moreno logró 53 escaños en una Cámara de 109 diputados, a sólo dos de la mayoría absoluta, con una ventaja de 19 puntos sobre el segundo partido, el PSOE. Esa aritmética explica por qué la única negociación abierta ayer era la del PP con Vox, un encuentro en el que participaron Moreno y los dirigentes de la formación de extrema derecha y que se saldó con la consigna de un «clima de cordialidad» según las partes.
En ese escenario, los requerimientos de responsabilidad democrática enviados por UGT Andalucía —pidiendo gestos para evitar «ideologías autoritarias» y tendiendo puentes «entre demócratas de verdad»— no alteraron la postura socialista. El sindicato apeló al liderazgo responsable y a evitar formar gobierno con fuerzas que calificó de antidemocráticas, pero el PSOE andaluz mantuvo su rechazo a cualquier cesión de votos destinada a facilitar la gobernabilidad del PP sin forzar la salida de Vox.
La comparación con Extremadura aparece inevitable: allí Sánchez Cotrina abrió una puerta de diálogo con el PP para retirar a Vox de la gestión, un movimiento que ha sido interpretado —incluso dentro de su propio partido— como un gesto más estético que efectivo, un brindis al sol sin voluntad real de entendimiento. En Andalucía no ha existido siquiera ese gesto estético: la puerta fue cerrada desde la noche electoral y la posición se ha mantenido con rotundidad.
La política regional entra así en una fase de tensiones previsibles: el PSOE andaluz prescinde del pactismo instrumental que algunos plantearon en otras comunidades, y el PP, con una mayoría corta, inicia su diálogo prioritario con Vox. No es una elección cómoda para nadie; es, en cambio, una decisión consciente que traza líneas nítidas sobre quién está dispuesto a negociar y quién coloca la barrera antes incluso de la llamada parlamentaria.
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