Murcia: el polvorín de Vox que dinamita su propio relato
Bajas, expulsiones y fichas que saltan a gobiernos con el PP desgarran el granero electoral de Abascal

Redacción · Más España


La estructura de Vox en la Región de Murcia se ha convertido en un polvorín sin freno. Lo que comenzó como un choque para relevar a José Ángel Antelo ha derivado en una cascada de rupturas que ya no admite eufemismos: expulsiones, bajas de militancia y la fractura de grupos municipales y regionales.
La semana confirma la gravedad del desmoronamiento. La concejal de Turismo de Cartagena, Beatriz Sánchez del Álamo, ha anunciado su baja de militancia de Vox y ha denunciado en redes sociales una "deriva" del partido y un trato "indigno" hacia sus miembros; su decisión se suma a la del vicealcalde Diego Salinas, que ya dejó el carnet hace un mes. Vox obtuvo cuatro concejales en Cartagena en 2023; hoy solo dos permanecen alineados con la dirección nacional y regional.
La crisis no es solo municipal. En la Asamblea regional, el otrora líder al alza, José Ángel Antelo, fue expulsado y relegado al Grupo Mixto tras negarse a dejar la dirección de Vox Murcia cuando se lo pidió la cúpula nacional. El expediente disciplinario abierto por sus críticas recayó en el Comité de Garantías, que en su composición llegó a incluir a José Francisco Garre, portavoz en Torre Pacheco, quien también rompió su carnet.
Torre Pacheco ejemplifica el desmoronamiento práctico: el grupo municipal de Vox —antes integrado por cuatro concejales— quedó disuelto tras varias dimisiones. Tres concejales díscolos pactaron con el PP para entrar a formar parte del gobierno municipal, sin el beneplácito de la dirección nacional. Desde la sede nacional se respondió con reproches, acusando a los díscolos de "venderse al PP" mientras estos denunciaban presiones y comportamientos que calificaron incluso de "cuasi mafiosos".
En plena convulsión, Vox presentó una nueva dirección regional en Murcia: José Manuel Pancorbo asume el liderazgo orgánico tras la dimisión en bloque de la cúpula anterior y la expulsión de Antelo. Pero la renovación orgánica llega en una comunidad donde las tensiones internas contrastan con el peso electoral que el partido ostentó en 2023: fue en Murcia donde Vox alcanzó entonces su mejor resultado, con el 17,7% del voto.
Los hechos son tozudos. Un granero electoral que fue referente para Vox ahora muestra grietas abiertas: cargos que abandonan la militancia, líderes expulsados, y grupos municipales que se coaligan con el PP en clave de gestión local. No es cuestión de retórica: es una realidad estructural que obliga a preguntarse hasta qué punto la organización nacional puede reconstruir la disciplina y la credibilidad en una de sus plazas más emblemáticas.
Murcia arroja, hoy, un mensaje claro y sin ambages: los conflictos internos ya no se arreglan en despachos; se materializan en ayuntamientos y en la Asamblea. Y esas consecuencias políticas, visibles y palpables, son las que decidirán si Vox conserva su tejido territorial o lo ve deshilacharse en su propio epicentro.
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