Moreno: ni atajos ni dependencias — Andalucía no puede ser rehén de Vox
El presidente en funciones advierte que un gobierno con Vox resulta

Redacción · Más España


La política, cuando no se practica con prudencia, deviene en teatro de improvisaciones y en cultivo de riesgos evitables. Juan Manuel Moreno habla desde la experiencia: gobernó con pactos y acuerdos parlamentarios que, a la postre, le impusieron límites y obligaron a adelantar elecciones. Esa memoria no es nostalgia; es advertencia.
No es un rigor dogmático lo que le mueve, sino la constatación de que aquellos apoyos externos consignaron inestabilidad. Moreno recuerda que Vox tumbó presupuestos, leyes y decretos en la pasada legislatura, y que esa dinámica convirtió un mandato en una cuenta atrás. De ahí surge su sentencia: "un Gobierno con Vox es un Gobierno imposible". Palabra seca, fundada en hechos.
Hay, además, una dimensión ideológica: diferencias sustantivas que no pueden soslayarse con cálculos de corto alcance. Moreno no sólo señala discrepancias programáticas; reclama que las decisiones no se tomen desde sedes ajenas a Andalucía. Denuncia, con razón fáctica, que en ocasiones Vox no decide aquí sino desde Madrid, lo que diluye la responsabilidad autonómica y trastoca la gobernabilidad.
No obstante, el presidente en funciones no cierra por decreto una negociación eventual: admite que si no queda otro remedio tendría que entenderse con Vox. Pero declara con la misma claridad que no quiere depender de ellos. Ese matiz es esencial: la diferencia entre pactar circunstancialmente y someter la agenda de la comunidad a la presión externa.
Su hoja de ruta es meridiana: convencer a los andaluces de que lo mejor es un gobierno en solitario, moderado y transversal, que preserve el modelo de convivencia que, asegura, ha funcionado. Por eso persigue la mayoría absoluta como único plan realista; no concibe un plan B que pase por depender de fuerzas que, según su relato experiencial, rompen la gobernabilidad.
En inmigración, Moreno separa el gesto de la retórica. Reconoce la necesidad de mano de obra en sectores esenciales y reclama orden y planificación en cualquier proceso de regularización. No respalda la improvisación: la regularización, dice, debe hacerse con consenso y planificación, no desde el interés improvisado del ejecutivo central.
Respecto al liderazgo dentro del PP, defiende que cada dirigente marca estrategias según la información y la intensidad política que percibe. Feijóo, apunta, actúa con otros ritmos y condicionantes. Moreno, fiel a su lectura territorial, apela al día a día de Andalucía y a la preservación de un modelo que no quiere poner en riesgo.
El discurso de Moreno es, en suma, una mezcla de advertencia y llamada a la responsabilidad: energía de campaña, realismo de gestor. No promete aventuras: ofrece prudencia reforzada por lecciones aprendidas. Y deja una conclusión nítida para los electores andaluces: hay elección entre seguir con un modelo que aspira a ser moderado y transversal, o arriesgar la estabilidad en manos de apoyos cuyo comportamiento pasado está documentado en el propio Parlamento andaluz.
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