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Moreno desafía la incertidumbre y coloca al Gobierno frente al espejo del narcotráfico

En la jornada final, el candidato popular recorre Sevilla, Granada y Málaga y centra el debate en la seguridad y la gestión estatal

Redacción Más España

Redacción · Más España

15 de mayo de 2026 3 min de lectura
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Moreno desafía la incertidumbre y coloca al Gobierno frente al espejo del narcotráfico
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Si la política es pugna de imágenes y de momentos, Juan Manuel Moreno ha decidido confluir hoy en los tres escenarios donde se juega su relevo: Sevilla, Granada y Málaga. No es gesto de vanidad, sino cálculo electoral; la meta —la mayoría absoluta— no se conquista en una plaza única, sino provincia a provincia, voto a voto.

En Sevilla, a mediodía, el presidente andaluz apeló al voto útil y al despojamiento de complacencias: no hay sitio para la autocomplacencia cuando la mayoría que se ansía sigue sin estar «amarrada», según reconocen sus propios allegados. Y ante la inquietud ciudadana por la seguridad, Moreno puso el foco en lo que considera una deuda del Gobierno central con Andalucía: la gestión de la lucha contra el narcotráfico.

Las palabras del candidato no son retórica vacía. Han surgido en la estela de hechos concretos: una narcolancha embistió a una patrullera de la Guardia Civil en Almería, y apenas una semana antes dos agentes perdieron la vida persiguiendo una embarcación de goma. Sobre esos hechos ha encajado Moreno una acusación directa al Ejecutivo: exigirle que endurezca las penas del Código Penal y reprochar la ausencia, en su opinión, del ministro del Interior y del presidente en el funeral celebrado en Huelva.

No rehúye la dureza del lenguaje: ha llegado a afirmar que no son «accidentes laborales, son asesinatos», recuperando el eco de la frase pronunciada por la candidata socialista en el debate. Y ha censurado que el presidente estuviera en un mitin en La Línea de la Concepción —que días antes suspendió por luto oficial— en vez de acompañar, según él, a las familias de los guardias civiles fallecidos.

La campaña de Moreno ha jugado inteligentemente con su figura: la marca personal —la «marca Juanma»— antes que las siglas. Cercano, templado, «buena persona», se ha presentado como alternativa de estabilidad frente al riesgo del «lío». Esa imagen ha recorrido ferias, romerías y actos sectoriales, alimentada además por recursos de campaña: canción, imagenes virales y la difusión de gestos personales que buscan conectar con el electorado.

Pero la contienda no se decide sólo con sensibilidad: se decide en las urnas de provincias como Jaén, Sevilla, Granada, Málaga o Córdoba. Moreno aspira a ganar en las ocho provincias, tal como en 2022, y en Sevilla se juega, según sus fuentes, el noveno diputado que puede condicionar la mayoría absoluta. En Granada confían en arañar un escaño que compensaría pérdidas en otras circunscripciones. Y en Málaga, su feudo, se vigilan hasta posibles descensos respecto a 2022.

La liturgia del cierre remata una campaña que, por diseño, ha sido deliberadamente amable y centrada en la estabilidad. Pero la promesa de firmeza contra el narcotráfico introduce en el tramo final una fricción que obliga a trasladar las palabras a hechos: pedir el voto es pedir también permiso para exigir al Estado respuestas eficaces donde los ciudadanos creen que fallan las instituciones.

Hoy Moreno apuesta a la repetición del triunfo provincial y a que el mapa electoral no le juegue una mala pasada; apuesta también por convertir la preocupación por la seguridad en argumento decisivo. Queda por ver si ese cálculo territorial y retórico será suficiente para amarrar la mayoría que reclama gobernar con «estabilidad» y sin depender de terceros.

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