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Montero y Sánchez: unión indisoluble en campaña para salvar un feudo en peligro

La ministra se traslada a Andalucía y La Moncloa se implica para contener la hemorragia socialista

Redacción Más España

Redacción · Más España

24 de marzo de 2026 3 min de lectura
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Montero y Sánchez: unión indisoluble en campaña para salvar un feudo en peligro
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La decisión de Juanma Moreno Bonilla de fijar las elecciones en Andalucía el 17 de mayo ha reconfigurado el tablero político nacional: María Jesús Montero deja temporalmente el Gobierno para presentarse en su tierra, y con ella se traslada, de facto, la responsabilidad de La Moncloa a la campaña andaluza.

Montero no es una ministra cualquiera. Fue del club más cercano a Pedro Sánchez desde que llegó a la Presidencia; número dos del Gobierno y del PSOE; portavoz; negociadora en nombre del Ejecutivo; y titular de Hacienda. Esa identidad compartida convierte los comicios andaluces en algo más que una pugna por la Junta: serán un examen al propio Ejecutivo, porque Montero y Sánchez aparecen como una misma pieza política.

Esa simbiosis es la razón por la que el presidente se va a volcar en la campaña. El partido lo asume: la presencia de Sánchez, sostienen en el PSOE, moviliza y suma. No se tratará, dicen fuentes, de que el presidente actúe como candidato encubierto, pero sí de que aporte músculo y visibilidad para evitar que el desgaste territorial se convierta en estampida.

La obsesión oficial es clara: hay que movilizar. Los socialistas tienen en la cabeza las cifras de participación de las últimas citas electorales en Andalucía: 1.459.264 votos al PSOE en las generales de 2023 frente a 888.325 papeletas en las autonómicas de 2022. Medio millón de apoyos que podrían quedarse en casa es el talón de Aquiles que Montero pronunció incluso ante sus compañeros en el Consejo de Ministros cuando anunció su salida hacia la campaña.

A las preocupaciones por la abstención se suman las encuestas: las últimas publicaciones sitúan al PSOE por debajo de los 30 escaños logrados en 2022, el peor resultado histórico del partido en la comunidad. Esa combinación explica por qué La Moncloa y la dirección del PSOE exigen máximos esfuerzos y despliegue: no solo se disputa la Junta, sino un bastión con valor estratégico en la ruta hacia La Moncloa.

La estrategia anunciada es clara y muy política: llevar el debate al terreno de la gestión de los servicios públicos, donde el Gobierno entiende que tiene armas. Sanidad ocupa la lupa, con referencias explícitas a crisis como la del cribado del cáncer de mama; también la inversión pública frente a cesiones a la gestión privada y la renuncia, según la lectura del Ejecutivo, a fondos europeos que habrían permitido crear plazas de educación infantil.

Montero sale del Ejecutivo pero retiene su acta de diputada, amparándose en la preservación de su plaza en el Hospital Virgen del Rocío. El relevo en el Ministerio de Hacienda se prepara en los “próximos días”, cuando la dirección gubernamental apuesta por un cambio “quirúrgico”.

La jugada de ministros candidatos, que Sánchez impuso para contener la hemorragia territorial, se prueba ahora a gran escala. En La Moncloa aseguran que ser miembro del Gobierno no es un hándicap y ensalzan a Montero como “la mejor candidata posible”, capaz de conjugar conocimiento de Andalucía y lealtad institucional. El partido, por su parte, confía en que el movimiento de los pesos pesados del Gobierno revierta la tendencia y evite que la contienda autonómica se transforme en un referéndum sobre el Ejecutivo.

La campaña que empieza es, por tanto, un pleito de identidad: ¿respaldan los andaluces la continuidad de un Gobierno que envía a una de sus figuras más emblemáticas para pelear la tierra que fue feudo histórico del PSOE? El 17 de mayo marcará, además de la composición de la Junta, el grado de supervivencia política de una estrategia que liga los destinos personales de Montero y Sánchez con el porvenir del partido en el sur.

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