InicioActualidadPolítica española
Política española

Montero culmina 54 días de calvario mientras Sánchez pide coherencia del voto de izquierdas

El cierre de campaña socialista se convierte en llamado a contener un fracaso histórico

Redacción Más España

Redacción · Más España

15 de mayo de 2026 3 min de lectura
Compartir
Montero culmina 54 días de calvario mientras Sánchez pide coherencia del voto de izquierdas
Mas España
Mas España Logo

Pedro Sánchez desplegó su último cartucho en Sevilla: mitin de cierre junto a María Jesús Montero y exhortación explícita a la "coherencia" del votante de izquierdas para que la papeleta elegida sea la del PSOE y no la de otras candidaturas del mismo espectro.

Fue un llamamiento a la movilización nacido del nervio: identificar el voto al PSOE con avances frente a retrocesos, con derechos frente a recortes, con sanidad pública frente a privatizaciones. Sánchez reivindicó su gestión de casi 3.000 días como presidente y se felicitó por convertir su Ejecutivo en "voz clara de la razón, el compromiso y el no a la guerra"; sacó pecho por los avances conseguidos y prometió que con un gobierno socialista andaluz "podemos avanzar más y más rápido".

Montero, por su parte, dedicó su intervención a dirigir su petición a mujeres, trabajadores, jóvenes y la "clase media": el mantra de la movilización, la consigna repetida de que "somos la mayoría y si votamos, ganamos". Pero ese mensaje llega cuando el objetivo ya no es, según el propio relato, romper la mayoría absoluta del PP, sino contener un fracaso que las encuestas apuntan como histórico.

Porque no se trata sólo del mitin final. Este episodio culmina 54 días de campaña y precampaña que el propio texto periodístico describe como un verdadero calvario: errores estratégicos, deslices verbales y una identificación pública con el sanchismo que han pesado en la mochila de la candidata. Un itinerario que arrancó con su despedida formal del Gobierno el 24 de marzo, jornada en la que dejó la vicepresidencia y el ministerio de Hacienda para volcarse en Andalucía tras la disolución del Parlamento autonómico y la convocatoria del 17 de mayo.

Aquella jornada marcó también la puesta de largo en la sede regional de Sevilla, donde Montero se autoproclamó en términos que, según la crónica, encendieron la ironía y le valieron una oleada de memes y desafecciones. Desde entonces, los episodios de rechazo público no han sido anecdóticos: abucheos en la Feria de Abril y en la capilla ardiente de los dos guardias civiles fallecidos en Huelva han sido registrados por la prensa como ejemplos de la crispación con la candidata.

El balance que dibuja el relato es severo: tras más de medio año de candidatura y un traslado definitivo desde La Moncloa, la tarea encomendada por Sánchez —levantar a un PSOE andaluz noqueado tras los peores resultados de 2022— no sólo no parece encaminarse al éxito, sino que las encuestas coinciden en prever un descenso de escaños respecto a 2022 que agravaría la crisis del partido.

En ese contexto, el mitin de cierre se lee menos como celebración y más como acto de contención: un intento por agrupar al voto de izquierda, frenar la fuga hacia otras opciones y mitigar lo que ya se define en los párrafos de la información como un posible desastre sin paliativos. Lo que queda en el aire es si la apelación a la "coherencia" será suficiente para detener la sangría de apoyos que, según los sondeos citados, apunta a un vuelco electoral que el PSOE quería evitar.

También te puede interesar